Entre trabas de la ropa…

Imagen de Michael Treu en Pixabay


Subo a la azotea. He redescubierto el placer de tender la ropa al viento y al sol. El aire frío de este invierno suave compensa un poco la intensidad del sol. Entre flexión y extensión para coger una nueva pieza de ropa y asegurarla en la liña con las cada vez más escasas trabas que van sobreviviendo a los meteoros, pienso en cómo plantear el análisis estadístico de mi proyecto. Los ojos se me van de cuando en cuando hacía el mar, azul brillante, allá a lo no tan lejos. Los oídos se recrean en los pájaros. ¿Se oye un cernícalo a lo lejos? Miro a las montañas. Y mi corazón añora la última vez que las vimos nevadas. Y vuelvo a mis pensamientos. Ese curso, ¿cómo plantearlo para que sea interesante a la vez que entretenido, enriquecedor a la vez que placentero?

Decía Santa Teresa que a Dios también se le encuentra entre los calderos (ella decía los pucheros, la verdad). Frase que no deja de tener una fuerza feminista bestial. En un mundo que negaba a las mujeres la capacidad de pensar y mucho menos de enseñar, esta frase era disruptiva. Dios, ese dios masculino que puso al hombre a dirigir a las mujeres para que no se perdieran, también estaba en los espacios de las mujeres, hablando a las mujeres, que eran quienes andaban por ahí, entre fogones.
Pues imagino que muchas compartirán experiencias similares a Santa Teresa, aunque en versión contemporánea. Cuantas habrán (habremos) diseñado un proyecto de investigación mientras tienden (tendemos) la ropa, friegan (fregamos) los cacharros o pasan (pasamos) la mopa. Cuántos artículos leídos en la puerta del colegio, en el campo de fútbol, esperando a que termine la extraescolar de hoy. Cuanto abstract escrito en la mesa de la cocina, mientras el potaje hierve en el caldero, intentado que no se queme ni lo uno ni lo otro. Cuántos casos clínicos pensados mientras se hace una cama, se dobla la ropa, se prepara la siguiente lavadora.
Por supuesto, hay quien hace esto al estilo Murakami, mientras corre, piensa. Pero algunas nos conformamos con los espacios cotidianos en los que el glamour está ausente.
Y por eso sigo planteándome cada día la pregunta de porque tengo que poner como institución a mi empresa cada vez que envío un resumen a un congreso o un proyecto a una convocatoria, si la mayor parte del trabajo la hago en mi casa, entre mis calderos y en mi tiempo libre. Me recuerdan aquellas frases que se oían en mi juventud: no me importa que mi mujer trabaje fuera siempre y cuando tenga tiempo para hacer las tareas de casas. Transformada en nuestros sistemas de salud en un: es importante que hagas investigación pero siempre y cuando no dejes de pasar consulta ni un minuto de tu jornada.

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