Carta abierta a un mir iafílico

(Va sin dibujo porque no se la voy a pedir a una IA y no soy muy buena dibujado)

Estimado residente, me gustaría escribirte para contarte algunas cosas en respuesta a esa defensa acérrima del uso de la IA (mal llamada “inteligencia” pero sí muy artificial) y a la extensa y extendida utilidad que le das.

Pero antes quiero hablar de algunos mitos, difícilmente detectables, que es normal que pululen por tu cabeza:

Mito 1: Los residentes vienen a enseñar a los tutores el uso de las novísimas tecnologías que los tutores debido a sus canas son incapaces de conocer, aprender y asimilar por sí mismos.

A ver, los tutores también hemos sido jóvenes y hemos sufrido esa bella enfermedad de creer que somos lo último de lo último, que no había nadie más actualizado que nosotros (que para eso acabábamos de salir del hospital) y además dominábamos toda la tecnología.

Claro, que el tiempo es un maestro excepcional y, más tarde o más temprano (con suerte), nos dimos cuenta de que saber no es solo haber escuchado al último pope de una especialidad o dominar el último cacharro. Saber va de estar abierto a reconocer tu propia ignorancia y poder así continuar aprendiendo siempre. Aprendí de aquellos mis mayores que el mayor saber de un MF no es lo que está en los libros y como usar un aparato, un software o al chatgepeté. El mayor saber de un MF es saber estar y acompañar a los pacientes. Y eso se aprende de los mayores que saben hacerlo.

He aprendido, aprendo y aprenderé muchísimo de mis residentes y de aquellos con los que comparto actividades. Y me considero privilegiada por ello. Pero lo que aprendo no está segmentado por la edad: tecnologías versus carmalerías. Es un intercambio entre adultos, cada uno con su experiencia. Que los jóvenes no venís con el software integrado en el cerebro y no tenéis ni más ni menos facilidad para aprender a usarlo, simplemente os lanzáis a las piscinas sin pensar mucho porque aun no os habéis dado suficientes cabezazos.

Y también aprendo de los pacientes. No solo de los que vienen con el tema estudiado en internet o con la IA. También de quienes no tuvieron la suerte de aprender a leer pero son capaces de mirar y mirarse.

Mito 2: la tecnología va a hacer más fácil el trabajo de los médicos de familia.

A ver, el trabajo de los MF nunca va a ser fácil, no importa cuanta tecnología pongas a su servicio. Como mucho tendremos más información y podremos incluir más factores y hacer la vida más fácil a los pacientes (a los pacientes, a nosotros no). La MF es la medicina de la relación y, con suerte, de una relación larga (que es la ha demostrado disminuir la morbimortalidad). Y ya sabemos que las relaciones largas son difíciles de mantener, que dan muchos quebraderos de cabeza y hay ups and downs. Y eso no lo arregla el notebukeleme.

Mito 3: si le preguntó a la IA todo será más rápido.

A ver, lo más rápido que hay en este mundo mundial es tu cerebro. Es una máquina impresionante. Es posible que no tenga todos los datos de todas las bibliotecas del mundo ni hable todos los idiomas y que se aun poco lento al leer. Pero es capaz de recordar, integrar y relacionar información, emociones y deseos, de leer ojos y lágrimas y sonrisas, de sentir y consentir, de imaginar futuros que no existen y reír. Y eso lo hace mucho mejor que cualquier software algorítmico.

Mito 4: si la IA escribe la consulta yo tendré más tiempo para escuchar y relacionarme con el paciente. Jajajajajajajajajajaja… Ser capaz de escuchar al paciente es una habilidad y una actitud. Tener o no nuevas tecnologías no lo va a hacer más fácil ni más difícil. Si no eres capaz de escuchar con la historia de papel, ni con la electrónica, dará igual que te pongan un escriba (de carne y hueso o de silicio) a escribir, seguirás sin escuchar (y además no te importará porque ya te lo escribirá otro).

Y ya se encargarán de meterte una cantidad proporcionalmente mucho más elevada de pacientes para compensar el gasto en ponerte la IA escribidora.

Bueno, ya sé que te formaste la idea de que mis canas anunciaban a una neoludita, odiosa enemiga de la IA, defensora del lápiz y el papel. Estas canas llevan mucho tiempo aprendiendo muchas cosas, y lo mismo que disfrutan de leer un libro en papel, pesado y largo, han sido capaces de aprender lenguaje HTML y CSS cuando tú aun estabas en pañales, de programar en R y de hacer una regresión logística o un análisis cluster o de leer a Haraway, Braidotti y Butler. Está cabeza adornada de arrugas comprende de qué va la IA y es capaz de hacerles un prompt decente, de pedirles un esbozo de tema de investigación o que me resuman un artículo de investigación. Pero también es capaz de leerse el artículo por sí misma ( y en varios idiomas), de analizarlo, criticarlo, integrarlo y usarlo si lo que refiere es útil, de poner en relación con otros conocimientos y de imaginar nuevos proyectos (y todo eso sin IA y pasándomelo bien, que también es importante). Es capaz de hacer una pregunta PICO en pocos minutos, probablemente menos de los que cualquier amante de la IA tarda en fabricar el prompt para que se lo haga la IA y capaz de preguntar a una IA a partir de la pregunta para que me ayude a buscar sinónimos, tesauros y demás (cosa que ya hacían otros software menos sofisticados desde hace años, por cierto).

Pero el problema no es que la IA no pueda hacerlo por mí, el problema es que el proceso de construir las cosas (las historias, los resúmenes, los artículos, las investigaciones, las preguntas PICO, las actualizaciones de temas, los diagnósticos diferenciales, etc.) no es un estorbo que alguien inventó para entretener a estudiantes, residentes y adjuntos: es el proceso lo que nos hace aprender y nos convierte en mejores médicos y médicas. El proceso, el cómo llegamos a los diagnósticos, a los planteamientos terapéuticos, es lo más importante para construir una profesionalidad excelente para el futuro. Escribir no es un engorro ni burocracia, es una herramienta del pensamiento que nos permite seleccionar la información relevante, ordenarlas, hacerla visible y tangible, reflexionar y avanzar. Si la IA lo hace por mí, ¿qué soy? Solamente la voz que enuncia el dictamen del software.

Me dices: “esto ya está aquí, no puedes pararlo ni ignorarlo”. No lo ignoro, la estudio y la investigo. Y la uso cuando tras reflexionar entiendo que es adecuado y beneficioso usarla. Pero sé actuar sin ella. ¿Puedes hacer tú lo mismo? ¿Eres igualmente independiente de la IA? Porque si no tienes herramientas alternativas, ¿en qué te quedas? Y puedo hacerla porque primero aprendí sin ella. Por eso mi intención es ofrecerte esa gran experiencia de aprender a ser médico sin IA para luego poder usar la IA con toda la capacidad y no ser solo su instrumento de tangibilidad.

Lo que diferencia a un profesional de un técnico es que el profesional no se limita a usar las herramientas para producir algo, el profesional dispone de los cimientos que le permiten mirar críticamente las herramientas que usa, es capaz de hacer juicios y tomas decisiones éticas de manera independiente y es capaz de adaptar las herramientas a la idea que tiene de su rol profesional. Imagina, piensa, es crítico. No solo hace, “es”. Para lograrlo tiene que dedicar tanto tiempo a aprender “cosas que hacer” como a “construirse a sí mismo/a”. Y ese es el objetivo de la residencia: no tener resultados rápidos y bonitos, sino construirse como persona y como profesional, montar los cimientos. Esos cimientos que nadie va a ver pero que son la fuente de la estabilidad, el crecimiento y de una vida profesional satisfactoria, más allá de los contextos (mayormente complicados) que nos tocará vivir antes, ahora y siempre.

Y, por cierto, en esta profesión es importante aportar información fundamentada: si digo que los escribas digitales conseguirán que los médicos miren más a los pacientes, hay que mostrar los estudios que lo demuestran; si digo que la atención será mejor y los pacientes tendrán mejor salud si uso el chgpt para que me revise la medicación, tengo que enseñar el cómo se ha medido y quien lo ha hecho; si digo que la IA va a hacer que tardemos menos en ver a los pacientes, hay que enseñar el artículo donde lo han medido… Si no, solo serán un montón de afirmaciones vacías, del mismo valor que las de don mateo cuando dice que mañana lloverá porque las gallinas están nerviosas. Aunque don mateo y sus gallinas pocas veces se han equivocado.

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