Tecnología ¿qué tecnología?

“La ecografía en las consultas (ecografía a pie de cama), gracias a la evolución de los equipos y al movimiento que los ha colocado fuera de los hospitales es la tecnología que más ha cambiado la práctica clínica en atención primaria en las últimas décadas”

(oído a un profesor en un curso reciente)

Está frase me ha generado muchísimas preguntas y reflexiones.

Vivimos en una sociedad en la que la tecnología (en una estrecha definición: tecnología como maquinita revolucionaria) marca la “evolución” y el “progreso”. Hasta no hace mucho (3 décadas), encontrar cualquier tecnología (=maquinita moderna, repito) en una consulta de atención primaria era ciencia-ficción. Hoy en día en una consulta de pueblo podemos encontrar un ordenador, la impresora, el ecógrafo; y menos sofisticados: el dermatoscopio, el Doppler para el ITB, el MAPA, etc. ¿Es un marcador de modernización y evolución o simplemente un cambio radical en lo que entendemos como atención primaria?

La respuesta es muy compleja. Y ni siquiera es lineal o dicotómica, sino que adquiere un poco una imagen en telaraña.

Empecemos por ver qué es una tecnología. Al menos para saber a qué o quién metemos en el concurso por el primer puesto de “cambiadora de la práctica”. Para la RAE, tecnología es el conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico. Para la PAHO, tecnología sanitaria incluye las ramas de fármacos, equipo y dispositivos médicos, así como procedimientos y técnicas médicas para la prevención y promoción de la salud (conste que, en mi opinión, lo de “médicos/médicas” es demasiado restrictivo y debería reformularse a “sanitarios/clínicos/…”.). Así que parece que tecnología no son solo los cacharros con botones, es mucho más.

No voy a entrar en qué creemos que debe considerarse atención primaria, medicina o enfermería de familia, etc. Pero me gustaría traer aquí una idea fundamental que me ha quedado tras leer el libro Medical Generalism, Now!, de Joanne Reeve (si a alguien le apetece una extensa reseña en castellano del libro, se puede leer la de Abel Novoa en No Gracias.). En ese libro se habla extensamente de una idea fundamental: el trabajo del médico general/de familia es , ante todo, un trabajo de conocimiento. El conocimiento no es un objeto, una maquinita, un nuevo aparato. El conocimiento es un proceso muy complejo en el que una persona pone en relación (y actúa) a partir de toda la información que reúne, posee, reflexiona, deduce. El conocimiento es lo que nos permite crear una respuesta única para cada situación única que tenemos en AP.

En este contexto, y volviendo al principio de esta entrada, la ecografía nos proporciona un poco más de información que añadir al proceso de toma de decisiones. Pero no es la tecnología que más ha revolucionado el trabajo de conocimiento en medicina de familia. Yo apostaría por el acceso an internet, a revistas, libros, en mismo punto de atención. Poder resolver nuestras dudas en el momento, consultar procesos de diagnostico y tratamiento, etc. Pero seguro que se pueden buscar muchas otras.

Por supuesto, yo abogo por incrementar la tecnología en atención primaria. La siguiente que pediría es una organización del trabajo que me permitiera pensar con calma sobre la atención a un paciente concreto, que me diera espacios-tiempo para organizar un caso, reflexionar sobre los problemas de un paciente concreto, proponer actuaciones y poder presentarlas al afectado/a con tranquilidad. Establecer planes de actuación consensuados. La atención centrada en la persona es una tecnología rompedora, que necesita inversión económica (porque necesita tiempo de profesionales para ser aplicada).

No quiero desmerecer todo lo que el acceso a un ecógrafo en el momento de la atención mejora nuestra capacidad resolutiva y beneficia a los pacientes. Es también una invitación a reflexionar sobre lo que somos (en tanto médicas de familia) y lo que queremos ser. Además es un punto de partida para reflexionar sobre lo que valoramos de la medicina: ¿es la tecnología al alcance de una determinada especialidad lo que la hace más valorable/valorada?¿está la medicina tan contaminada de una visión estrecha de la tecnología que no puede pensarse más allá de ella?¿qué medicina se muestra en las facultades: la del experto en tecnología (=aparatitos) que aplica a las personas, o la del experto en personas enfermas a las que ofrece múltiples tecnologías (con y sin aparatito mediante)?

Creo que la filosofía contemporánea, los estudios de ciencia y tecnología, la sociología de las ciencias, el posthumanismo (que no el transhumanismo), las filosofías feministas, las éticas feministas podrían proporcionarnos nuevas perspectivas sobre nosotros mismos (en tanto médicas) y nuestro trabajo. Y también ayudarnos a comprender un poco mejor el contexto actual del complejo mundo médico-sanitario-universitario-postgraduado-laboral…

Pero solo son muchas preguntas y pocas respuestas. Yo seguiré intentado aprender un poco más (también ecografía) e intentado integrarlo todo en la mejor tecnología que puedo ofrecer a un paciente, una medicina de familia integral.

Por cierto, cada vez estoy más convencida de que las médicas somos, cada vez más, sujetos híbridos de humano y otros-no-humanos, y que solo siendo más-que-humanos se puede hacer una medicina de calidad en el siglo XXI.

Entre trabas de la ropa…

Imagen de Michael Treu en Pixabay


Subo a la azotea. He redescubierto el placer de tender la ropa al viento y al sol. El aire frío de este invierno suave compensa un poco la intensidad del sol. Entre flexión y extensión para coger una nueva pieza de ropa y asegurarla en la liña con las cada vez más escasas trabas que van sobreviviendo a los meteoros, pienso en cómo plantear el análisis estadístico de mi proyecto. Los ojos se me van de cuando en cuando hacía el mar, azul brillante, allá a lo no tan lejos. Los oídos se recrean en los pájaros. ¿Se oye un cernícalo a lo lejos? Miro a las montañas. Y mi corazón añora la última vez que las vimos nevadas. Y vuelvo a mis pensamientos. Ese curso, ¿cómo plantearlo para que sea interesante a la vez que entretenido, enriquecedor a la vez que placentero?
Decía Santa Teresa que a Dios también se le encuentra entre los calderos (ella decía los pucheros, la verdad). Frase que no deja de tener una fuerza feminista bestial. En un mundo que negaba a las mujeres la capacidad de pensar y mucho menos de enseñar, esta frase era disruptiva. Dios, ese dios masculino que puso al hombre a dirigir a las mujeres para que no se perdieran, también estaba en los espacios de las mujeres, hablando a las mujeres, que eran quienes andaban por ahí, entre fogones.
Pues imagino que muchas compartirán experiencias similares a Santa Teresa, aunque en versión contemporánea. Cuantas habrán (habremos) diseñado un proyecto de investigación mientras tienden (tendemos) la ropa, friegan (fregamos) los cacharros o pasan (pasamos) la mopa. Cuántos artículos leídos en la puerta del colegio, en el campo de fútbol, esperando a que termine la extraescolar de hoy. Cuanto abstract escrito en la mesa de la cocina, mientras el potaje hierve en el caldero, intentado que no se queme ni lo uno ni lo otro. Cuántos casos clínicos pensados mientras se hace una cama, se dobla la ropa, se prepara la siguiente lavadora.
Por supuesto, hay quien hace esto al estilo Murakami, mientras corre, piensa. Pero algunas nos conformamos con los espacios cotidianos en los que el glamour está ausente.
Y por eso sigo planteándome cada día la pregunta de porque tengo que poner como institución a mi empresa cada vez que envío un resumen a un congreso o un proyecto a una convocatoria, si la mayor parte del trabajo la hago en mi casa, entre mis calderos y en mi tiempo libre. Me recuerdan aquellas frases que se oían en mi juventud: no me importa que mi mujer trabaje fuera siempre y cuando tenga tiempo para hacer las tareas de casas. Transformada en nuestros sistemas de salud en un: es importante que hagas investigación pero siempre y cuando no dejes de pasar consulta ni un minuto de tu jornada.

La médica perfecta. Delirios geométricos

Llevo tiempo dándole vueltas a esta idea. ¿Hay una forma perfecta de ser médica? ¿Hay una combinación perfecta de cualidades, habilidades, conocimientos, que hacen de una persona una médica perfecta?¿Cómo expresar esa combinación. si la hay?¿La hay?¿O es posible determinar un único marco de referencia para practicar la medicina y entonces no hay que hacer ninguna combinación? entonces he cogido un lápiz y siguiendo algunos de las propuestas de Javirroyo en Dibujo, luego pienso, me ha salido algo curioso.

Leonardo da Vinci dibujó al Hombre de Vitruvio para mostrar el modo en que el hombre (no la mujer) perfecto se encajaba en dos imágenes geométricas, el círculo y el cuadrado. ¿En qué figura geométrica encajaría la médica perfecta?

La primera idea que me viene a la cabeza es una figura muy simple: un cuadrado. La médica perfecta se sustentaría sobre un cuadrado que representa un único modo de pensar y enmarcar la medicina (sea la ciencia, por ejemplo). Tiene un suelo firme, con unos límites adecuados, te mueves en un mapa conocido y tienes la capacidad de dominarlo. Como el tapiz de una gimnasta, puedes recorrerlo en todas sus diagonales, en su superficie, puedes separar tus pies un poco del suelo y volar haciendo algunos saltos mortales y tirabuzones pero en seguida vuelves a la seguridad de los pies en el suelo.

Pero no todo el mundo es capaz de vivir tranquilamente en un espacio tan controlado. Algunas médicas necesitarán un poco más de cobijo. Y entonces, además del suelo firme bajo tus pies, puedes buscar un techo. El más simple, el que se cubre sin aristas, el cono. Por supuesto, ahora hay que elegir qué pones en el suelo y qué pones en la cobertura. ¿Ciencia y arte?¿Arte y ciencia?¿Humanidad y ciencia? Con esto ya puedes acercarte un poco más a la medicina basada en la evidencia (que no es solo ciencia, y realmente necesita tres superficies: ciencia, experiencia y preferencias -del paciente-), aunque a muchos profesionales ya les vale (ciencia y experiencia).

Pero podemos complicarlo mucho más. La medicina tiene muchas caras. hay muchas X-based-medicine, por decirlo de alguna manera. aunque cada una de ellas aspira a ser el suelo y que las demás ronden apoyadas, lo cierto es que casi todas aportan algo y casi todas pueden ser, en algún momento, la que usemos como apoyo principal mientras ponemos las manos en otras para mantener un equilibrio:

– medicina basada en la evidencia (ya dicho, necesita la menos 3 caras)

-medicina (basada en) narrativa

-medicina centrada en el paciente

-medicina centrada en la persona

-medicina personalizada

-medicina gerencializada (o empresarializada en su versión privada)

-medicina basada en la afectividad

-medicina comercializada

-medicina humanizada

-medicina basada en la etiqueta

Algunas de éstas tienen definiciones, cuerpos teóricos y prácticos y mucha bibliografía, otras son una forma de expresar realidades que tal vez no tienen nombre concreto. Pero es una manera de dar forma a la complejidad para poder pensarla.

Cuantas más caras incorporemos a nuestro poliedro, más opciones tendremos de ser flexibles y adaptar nuestra «medicina» a las necesidades de los pacientes. Por supuesto, también necesitaremos más energía para decidir en cada momento sobre que cara vamos apoyarnos y mover todo el poliedro en ese sentido. Si añadimos caras infinitamente terminaremos por tener la cara perfecta …

 

Pero la cara perfecta nos deja inestables, incapaces de apoyarnos, sujetos al movimiento constante, tal vez sin capacidad de elección. Más cómodo, sin gastar nuestra energia, pero de nuevo con una sola superficie en la que apoyarnos, homogénea. Todas iguales, haciendo lo mismo, con la perfecta perfección de lo perfecto.

Tal vez la médica perfecta tenga que ser necesariamente imperfecta, para poder adaptarse a la vida de las personas individuales, ninguna perfecta. Tal vez tengamos que aceptar que ser imperfectas es nuestra perfección.

¡Valores! ¿Qué valores? La coherencia entre actos y discursos.

Esto solo es una reflexión a partir de una experiencia.

Una de las habilidades que más me gustó aprender de las humanidades y las ciencias sociales fue la capacidad de “extrañeza”, de forzarte a mirar lo de siempre desde otra perspectiva, como si estuvieras fuera y no dentro de la experiencia. Y pensar ¿qué pensaría alguien que no compartiera mis presupuestos culturales al ver esto?

Esta semana he estado en un homenaje muy emocional y emocionante a un colega de profesión fallecido. Pero el mismo hecho del homenaje me creó una contradicción.

Al principio piensas ¡Qué guay que tus compañeros de profesión te hagan un homenaje, has dejado huella!
Pero luego, cuando escarbas un poco, empiezas a sentirte un poco confrontado con los valores que se muestran:

  • ¡Era un gran profesional! Ponía el hospital y sus pacientes por delante de todo: de sí mismo, de su familia (que se quedaba muchas veces esperando horas para poder ir a comer), incluso intentaba veranear cerca, por si acaso lo necesitaban.
  • Era un gran padre. Solo lo veíamos unos pocos minutos cada día, pero nos dejó huella y estamos orgullosos.

No quiero disminuir esos valores, pero sí hacer visible el patrón que difunden: el del médico que renuncia a sí mismo, a su familia, y lo entrega todo por sus pacientes.

No está mal optar por esa forma de vida, pero convertir esa opción en aquella a la que damos bombo no deja de ser contradictorio en una época en la que luchamos por conseguir que se reconozca el derecho de los y las médicas a conciliar, a tener familia, a tener ocio, a ser personas con una vida rica más allá de la profesión. ¿Qué se trasmite a las nuevas generaciones? Tú cuídate, pero solo te vamos a valorar de verdad si no lo haces. Puedes tener familia y ser madre/padre, pero si no relegas a tu familia siempre por detrás de tus pacientes, aquí no te recordará nadie.

¿Os imagináis un homenaje en el que se diga del homenajeado/a: supo ser gran profesional a la vez que tuvo una vida familiar y personal enriquecedora, una vida que le proporcionaba perspectivas que enriquecían su práctica profesional?
Por supuesto, la imagen del “médico-mártir” es incompatible con el cambio social, con la feminización (no porque no haya médicas mártires, sino porque, en general, las mujeres hemos introducido la necesidad de la conciliación y el equilibrio trabajo-familia en medicina), con nuevas formas de entender la relación trabajo-profesión-vida.

En este sentido, es importante saber que no basta con palabras, los actos también son discursivos. Si el jefe de servicio les dice a los residentes: tenéis que cuidaros, pero luego se queda a trabajar en el hospital hasta las 22h, no va nunca a la función del cole ni al cumple de sus hijos, y solo sale a comidas de trabajo, ¿qué mensaje se da?

Por eso, mi pregunta es ¿realmente la profesión médica y sus sociedades/instituciones/asociaciones tienen interés en que mejoremos nuestro autocuidado? O ¿solo son palabras de moda?

¿Quién nos ayuda a recuperar la ilusión?

Vector de Negocios creado por jcomp – www.freepik.es

Lo reconozco, soy de esas personas que disfruta(ban) en el trabajo. Me gusta(ba) y me los pasa(ba) bien.

En las últimas dos semanas todo ha cambiado. Y hoy, que empiezo unos días libres, no me arrepiento ni me siento culpable de «abandonar» el barco. De hecho, me da miedo tener que volver en unos días.

Por primera vez en muchos años, me he levantado deseando no ir a trabajar. Hasta he deseado que me subiera un poco la fiebre, que me entraran unas diarreas, o algo así. Hace 4 semanas fui a trabajar afónica, incapaz de articular palabras. fui a trabajar con todos los malestares postvacuna, escalofríos, dolor muscular y cefalea incluidos.

Me pregunto cómo han podido 2 semanas terminar con todo eso, y casi conmigo. No me valen las respuestas simples, porque no creo que sea simple. No se trata solo del número de pacientes, ni de la sensación de estar de nuevo braceando en medio del mar sin que a nadie le importe demasiado si nos ahogamos o no.

El número de pacientes diarios se ha duplicado. Pero no es el número. Porque la verdad es que el extra no es más díficil ni más complejo. Gran parte del trabajo extra y mucho del resto es un trabajo «fácil»: los mismos consejos, las mismas pruebas, la misma levedad, la misma burocracia. Casi no te hace falta pensar. Y estas tareas han sustituido gran parte del trabajo habitual, más complejo, más desafiante, más dificil. Al final, lo cierto es que es más fácil e inmensamente más desagradable. La sensación de inutilidad que te embarga cuando lo que haces lo podría hacer un dispensador automático es destructiva.

Estas tareas sustituyen a las habituales consultas. Y sabes que esas consultas no han desaparecido, pero no caben. Y entonces te embarga también un miedo atroz a que otros salgan perjudicados. Mientras atiendes lo innecesario, lo necesario no encuentra sitio. Y es desolador. Y la culpa te invade y te ahoga.

No es simplemente el número, es el cambio en las actividades y tareas diarias.

Y es la desilusión de saber que quienes dirigen esto no tienen la menor idea de cuál es realmente la función y el valor de los médicos de familia. Porque sustituir su trabajo por tareas administrativas no les supone ninguna reflexión, acción ni remordimiento. En el fondo, caes en la cuenta de que creen que ese es tu trabajo habitual.

Y yo no puedo quejarme de falta de reconocimiento por parte de mis pacientes. Que sé que muchos compañeros solo reciben amenazas, desprecios e insultos. En mi pueblo no nos dicen que estamos cerrados y no contestamos al teléfono, sino que nos llaman hasta para otras cosas, porque nosotros sí estamos para contestarles. Y estoy a tope de bombones, galletas, polvorones, rosquetes, y regalos. Esos que suplen la absolutamente desconocida idea de la cesta de navidad de la empresa.

Entonces, ¿qué me ha pasado? Estoy desesperanzada. Cuando todo parecía ir bien, cuando no me acordaba ni de cuál era el último protocolo, cuando se estaban caducando los test de antígenos que teníamos, ha estallado todo. Nos ha devuelto a una realidad aterradora: tampoco en enero tendremos abrazos.

Ha vuelto el miedo. ¿Y si me contagio y luego contagio a mi familia? Y eso que no soy de las que atiende aterrada a los pacientes con sospecha o confirmación de covid. Me pongo EPI (y limitado a bata, guantes y pantalla) solo con pacientes complejos en los que tengo que estar mucho tiempo en contacto. Mascarilla y ventanas abiertas siempre (se puede hacer aquí). No tengo miedo a los acompañantes, no tengo sitio para pòner 2 metros de distancia y no dejo de ver presenciales a los pacientes que lo prefieren y a los que lo necesitan. Tampoco me pongo EPI para ir a los domicilios. Y, tras dos años, tampoco me he contagiado. ¿Por qué ha vuelto el miedo entonces? Porque es difícil luchar cotnra los sentimientos atávicos, los que nacen muy dentro. Puedes acallarlos, controlarlos e incluso no hacerles caso, pero están minando tu alma poco a poco.

He perdido la ilusión de una actividad que me parece útil para los demás, que me permite ayudar a la vez que aprender, que me reta a esforzarme por ser cada día mejor, que impide que me apoltrone en la comodidad. Lo que he hecho en estas dos semanas, mayormente, no necesita un médico, no necesita las miles de horas invertidas en estudiar, practicar y dudar de mi misma. Lo que hacemos en esta ola, a mí, al menos, me hace sentir inútil.

Hay quien cree que para recuperar la ilusión bastaría con subir el sueldo, o con poner extras, o con, al menos, completar las plantillas. Pero eso no será suficiente. Si no hay un interés y un proyecto en recuperar el prestigio y el valor de la atención primaria, de los médicos, enfermeros, pediatras que trabajamos en AP (y del resto de compañeros). Si no hay interés en que la sociedad descubra nuestro valor. Si no hay una implicación de gobiernos, instituciones educativas y profesionales en dar valor, el dinero solo dará para un poco (es necesario pero no suficiente).  Porque lo que nos mueve es mucho más que el dinero, o esto habría naufragado hace muchísimo tiempo.

Espero volver con una mente despejada y más relajada y siendo capaz de aceptar que esto solo es una fase y que luego todo volverá a ser diferente. Espero ser capaz de encontrar mi ilusión perdida y volver a trabajar con la misma sonrisa. Y deseo lo mismo para todos los compañeros.

 

Tiempo de cuidar

manos que cuidan
Foto tomada de https://www.freepik.es/fotos/amor

He terminado de leer “Tiempo de cuidados”,de Victoria Camps. No voy a presentar un resumen, ni una crítica ni una recensión del libro. Se pueden encontrar textos que comentan en libro aquí, aquí, incluso entrevistas con la autora. Más bien, lo que me gustaría es exponer las preguntas que me ha suscitado su lectura, desde la perspectiva tanto de persona que envejece (espero que durante mucho tiempo más) como de médica.

Lo primero que me llamó la atención fue la presentación de la ética del cuidado. Había leído poco o nada sobre esto. Habitualmente lo había visto relacionado con temas de enfermería, pero poco o nada con la medicina. Siempre me ha llamado la atención la forma en la que la ética que se nos enseña, en todos los niveles de la profesión, está dominada por el principalismo (Beauchamp y Childress mediante). De modo que un porcentaje elevado de médicos pensarán que ética/bioética es igual a “autonomía, justicia, beneficencia y maleficiencia”. En mi caso me he acercado a la ética/bioética narrativa, y he aprendido fundamentos estudiando Humanidades. Pero poco sabía de la Ética del Cuidado.

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Por si acaso…

Varón joven, flebitis post-cateter sin signos de gravedad, amigo recién licenciado. ¿No le van a poner antibióticos? No, no están indicados. Mis amigos del hospital me dicen que los ponen siempre…POR SI ACASO.

Mujer adulta hipertensa, analítica de rutina, le ha pedido vitamina D. ¿Por qué? POR SI ACASO.

Mujer joven, faringitis aguda, criterios de centor=0. Pautados antibióticos…POR SI ACASO..

Mujer, edad media,sana, cistitis de pocas horas de evolución, va a urgencias. Ciprofloxacino una semana…POR SI ACASO.

Varon joven, cirugía de bajo riesgo programada. Electrocardiograma preoperatorio…POR SI ACASO.

Le doy cita para una revisión. Pero si estoy bien…POR SI ACASO.

Varón, 35, tengo un catarro. ¿Para qué viene?… POR SI ACASO es algo grave. Y la tensión arterial del médico sube, el color acude a sus mejillas, resopla por todos los orificios. ¡Es que tenemos que educar a los pacientes!!!¿?

¡Cuánto daño POR SI ACASO!

Una reflexión: cuántas veces puedo haber dicho a un paciente: mejor hacer esto o lo otro, POR SI ACASO, para prevenir, para evitar complicaciones, etc. sin concretar el motivo particular. Tal vez es hora de cambiar el lenguaje.


Prohibido debatir

Twitter tiene en su mayor ventaja su peor demonio. Los mensajes cortos y rápidos permiten emitir con celeridad opiniones sobre los más diversos temas. Pero sus mensajes cortos y rápidos hacen que sea más fácil ser extremadamente categórico y simplista en las opiniones. En cierto sentido, radicaliza los debates a posturas de «blanco o negro». En un país en el que el debate nunca ha sido nuestro fuerte, donde siempre hemos considerado que hay verdades que no pueden ser criticadas, twitter se convierte en el semillero de radicales que llegan a usar el insulto y la violencia verbal. Esto ocurre con mayor intensidad cuando el twittero es alguien comprometido con la extensión de su mensaje y que considera una obligación convertir a aquellos que no piensan como él.

Twitter podría ser una herramienta impresionante para conocer la multitud de visiones de un mismo problema, la posibilidad de abordarlo desde perspectivas diferentes, para comprobar que no todo está resuelto con un «esto es así y punto», un lugar para aprender y compartir, cambiando o no tus propias ideas a partir de ese intercambio. Sin embargo se convierte en un campo de batalla, desagradable, proselitista, que invita a enunciar «verdades universales» y que impide debatir las cuestiones complejas como se merecen.

Lo triste es que esta tendencia a reducir los debates y la critica mediante la amenaza y el insulto no solo ocurre en campos en los que la confrontación es habitual (como la política o la religión) sino también en campos en los que el debate es fundamental para avanzar en el conocimiento, como la medicina.

En fin, Twitter es un medio de cercenar la capacidad de pensamiento crítico y debate para las futuras generaciones, si permitimos que sea así.

Médica de (mi) pueblo

Hace ya más de un mes que me incorporé a mi destino definitivo en el SNS, muchos trienios después de mi primer día de trabajo como médica. El destino (la OPE, quiero decir) me ha llevado (voluntariamente) a un lugar al que, no hace mucho, juraba que nunca iría a trabajar. A mi pueblo.

Desde que terminé la especialidad de medicina de familia he trabajado en muchos y variados lugares, pero el camino me ha ido moviendo desde lo  urbano a, finalmente, lo genuinamente rural. Y mi vida personal y familiar me han llevado a elegir trabajar en el lugar en el que he vivido la mayor parte de mi vida, mi pueblo. Continuar leyendo «Médica de (mi) pueblo»

¿Bloguear o no bloguear? That’s the question!

Tras muchos meses de silencio, motivados por la existencia de otros proyectos prioritarios, me planteo si debo volver o no a escribir en este blog. La decisión no es fácil. De hecho, llevo ya más de un mes intentando tomar una decisión definitiva. Está claro que, si este post aparece en el blog, ya me he decidido en positivo. Sin embargo, creo importante compartir las reflexiones que han ocupado mi cabeza en las últimas semanas.

Hay muchos motivos para escribir un blog. Continuar leyendo «¿Bloguear o no bloguear? That’s the question!»

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