La grandeza de la medicina de familia

¡Aviso a navegantes! Éste es un pequeño ataque de orgullo por nuestro trabajo y una invitación a futur@s médic@s que no tienen claro si elegir medicina de familia vale la pena. 😀

¿En qué otra especialidad médica tienes en el mismo día la oportunidad de compartir con pacientes la alegría de la promesa de una nueva vida y la angustia de la amenaza de una muerte anunciada? ¿En que otra especialidad médica te reciben con un café y una sonrisa y te despiden con un beso y una tarta cuando acudes a una visita, y te abren de par en par las puertas de su casa  permitiéndote entrar en su intimidad (incluso cuando la enfermedad es grave)? ¿En que otra especialidad, además, comparten sus angustias contigo, aunque no crean que sean una enfermedad ni que tengas ninguna solución que ofrecerles? Poco a poco empiezas a ser parte, y no una parte pequeña, de la vida de tus pacientes.

Y eso a pesar de la presión asistencial, la burocracia, la falta de sustitutos y los pacientes sin cita. Y la poca consideración por nuestr@s compañer@s hospitalari@s. Y salir, a veces, demasiado tarde del trabajo.

Pido disculpas por pecar de optimista, pero una mirada diferente cambia el modo en que vemos nuestro trabajo. No cambia lo malo, pero permite disfrutar de lo bueno. Debo tener una enfermedad crónica llamada “ser médica de familia (código CIE-9: XXXXXX)” ¡qué se le va a hacer!

Contra el pensamiento único, conocer otras realidades

Paul Bohannan en Para raros, nosotros, un texto académico sobre Antropología, nos invita a ser reflexivos con la propia cultura, no con el fin de negarla, sino de escogerla (o no ) con conocimiento de causa. Elegir un camino, una ideología, una cultura no significa menospreciar o negar la validez de las demás opciones, sino ejercer una responsabilidad, la de elegir sabiendo que no es nuestra única opción.

Hemos crecido, al menos la mayoría, en una cultura del pensamiento único, herencia, en gran parte, de otras épocas de nuestra historia. Pero tendemos a aplicar ese “pensamiento único” a todas nuestras actividades. De este modo, corremos el riesgo de creer que hay una sola manera de pensar y hacer las cosas.

En medicina de familia esto se concreta en pensar que hay una sola forma de pensar (de hacer ideología y apología) de la medicina de familia. Como crecemos (=nos formamos y trabajamos) conociendo una forma casi unica en todo el país, es decir, equipo de AP, énfasis en la prevención, etc. podemos pensar que todo médico/a de familia en cualquier parte tiene las mismas experiencias e ideas. Pero no es así.

Invito a los lectores a leer Ideological Debates in Family Medicine(Sthepen Buetow & Tom Kenealy, editores) para comprobar como pueden darse argumentos, sensatos y bien definidos, para perspectivas y maneras diferentes de ejercer la medicina de familia: atención familiar, salud poblacional, el enfermo como centro, subespecialización, incertidumbre, MBE, racionalidad versus emociones, en equipo o no, etc. El número de autores que contribuyen es elevado y proceden de todo el mundo. Entre ellos Juan Gervas, Barbara Starfield, Iona Heath…¡Solo por ellos vale la pena!. (¡Ojala estuviera traducido!)

Creo que es un sano ejercicio plantearse el “¿y si fuera de otro modo?”. Imaginar otras realidades diferentes jugando con cambiar cosas en la nuestra, teorizar sobre las alternativas, desarrollar un pensamiento crítico con todo, incluso con nosotros mismos. Un ejercicio de imaginación  destinado no a soñar mundos irreales sino a plantear alternativas que pongan en jaque nuestra realidad, obligándonos a razonarla y argumentarla. Y todo ello destinado a cambiar el (nuestro) futuro y no a perpetuar un mismo presente.

Al final podemos seguir pensando que la forma en que nosotros pensamos la medicina de familia es la mejor (en nuestro aquí y nuestro ahora), o no. Pero, en cualquier caso, será una cuestión de elección y no de imposición de un pensamiento único.

Medicina de Familia…y sin embargo te quiero

La mayor parte de las veces que leo a algún/a médic@ de familia hablando de su trabajo, el discurso se centra en la parte más negativa de nuestro trabajo, en lo que no conseguimos, en la presión asistencial, en la “maldad” de los gestores, en la improcedencia de las consultas urgentes, en la cantidad de burocracia, etc. De esta manera, la metanarrativa (la narrativa general que se extiende entre todos) es la de la “i love medicina de familiamala vida” de l@s médic@s de familia. ¿Alguien, en su sano juicio, querría formar parte de esta historia?
Hoy, un miembro del grupo administrativo de mi centro de salud me ha dicho que entiende l@s médic@s estemos un poco hartos de todo, cansados de esta manera de trabajar, de no ser “médic@s”. Y entonces me he dado cuenta que mentiría si hubiera asentido. Yo no estoy harta de mi trabajo, es más, disfruto haciéndolo.
Es cierto que son más los días de 40 que de 30 pacientes, más los días con 6 horas de consulta que con 4; que hay pacientes que mal-utilizan las citas urgentes, y que hay consultas puramente burocráticas ( y que hay días en los que hubiera preferido no levantarme de la cama :)). Pero no puedo decir, en ningún caso, que me aburra. Abundan los casos interesantes desde el más estricto punto de vista médico ortodoxo, es decir, necesidad de hacer anamnesis, exploración, planteamientos diagnósticos y terapéuticos. Y abundan mucho más los casos que piden, casi a gritos, un planteamiento de medicina humana, de escucha, comprensión y acompañamiento. Y no siempre consigo estar a la altura de lo exigido en unos y en otros. La necesidad de aprender y estudiar continuamente es un acicate para mantener el interés en la profesión.
¡Qué decir de la burocracia! Son muchos los papeles inútiles realizados, pero… muchos pacientes sin controles de ningún tipo en sus enfermedades crónicas pueden ser re-enganchados al acudir a “repetir” (pocos dejan de hacer las recetas), adolescentes/jóvenes que acuden al “inútil” certificado médico para la matrícula caen en las redes del consejo anticonceptivo, la solicitud de transporte sanitario se convierte en una pequeña charla sobre las dificultades del cuidado… el problema no está en la actividad sino en lo que pensamos y hacemos con ese momento, con ese pequeño encuentro.
No todo es bueno al 100% pero tampoco es, como algunos parecen transmitir, malo al 100%. Lo cierto es que no me imagino ninguna profesión que sea 100% perfecta, en la que todo sea emoción, reto intelectual, sin decepciones y algunas rutinas. Tampoco ningún trabajo, por cuenta propia o ajena, en la que no haya roces con los jefes o las administraciones públicas, los clientes, etc. Pero yo no cambiaría de profesión, y conozco a pocos, incluso los que solo cuentan “malas aventuras” que deseen hacerlo.
Así que creo que tenemos que cambiar nuestra narrativa. En primer lugar, por nosotros mismos. Nos repetimos tanto que esto está mal, que no importa ya como esté, en nuestra imagen mental todo será evaluado con la premisa de que estará mal. En segundo lugar, por nuestros pacientes (y por nosotros mismos, de rebote), si continuamente oyen lo que no podemos hacer, nunca se creerán todo lo que sí podemos hacer por ellos. Y, en tercer lugar, por l@s futur@s médic@s de familia: si los estudiantes solo oyen desventuras, ¿quién querrá continuar con nuestra aventura?
Lo importante en nuestras historias personales y colectivas no son los hechos, sino los significados que asignamos a esos hechos. Es hora de empezar a cambiar los significados de los hechos de la atención primaria española. Es hora de hacerla deseable para todos, de crear envidia… al fin y al cabo la envidia es la principal “virtud” que se nos asigna a los españoles.

Y todo esto sin dejar de luchar por la mejora de la Atención Primaria…todo un reto.

¿Para cuando la versión española de Family Medicine Revolution?

Escuchar, escuchar, escuchar…para ser médic@

En las últimas semanas varios pacientes se han despedido de la consulta con una frase impactante, al menos para mí, “gracias por escucharme”. En mi frustación por no poder ofrecer nada, es decir, no poder dar tratamientos contra el paro, los problemas familiares, la cuasi explotación laboral, la deseperanza, al fin y al cabo, no había caído en la cuenta de que todavía podía ofrecer “la escucha” y que ese es un recurso terapéutico que muchos pacientes (y desgraciadamente también muchos médic@s) creen que no está incuido en la cartera de servicios del SNS.

Así que, en relación con la entrada sobre lo que la música aporta a la medicina, hoy voy a divagar sobre la escucha. En música, escuchar no es un añadido. Si no pones las orejas y todos los sentidos, no puedes nunca afinar y tocar correctamente. Todo tu ser tiene que estar concentrado en lo que haces. No basta con leer la partitura, hay que entregarse a ella. Y escuchar es el requisito básico. Escuchas tu instrumento, si la nota que sale tiene el tono, el timbre y la fuerza requerida en la partitura. Pero también escuchas a los demás, para que la afinación sea perfecta tienes que ajustar el sonido, así todo suena perfectamente armonizado. Pero todo comienza en las orejas, escuchar, continua en el cerebro, pensar, sigue en las manos, actuar.

No es dificil entrar en Pubmed y buscar con el término “listening”. Aunque la mayoría de lo que aparece tiene relación con el órgano de la audición y sus enfermedades, también se pueden encontrar pequeñas perlas que hablan de la importancia del acto de “escuchar”. Por ejemplo, Jagosh et al, nos presentan un estudio cualitativo sobre La importancia de la escucha del médico desde la perspectiva de los pacientes: mejorando el diagnóstico, la curación y la relación médico-paciente. Continuar leyendo “Escuchar, escuchar, escuchar…para ser médic@”