Jornadas de Medicina Narrativa (IV): 20 de junio. By the Book.

¡Hay que ver lo largo que es el día y las energías que se consumen cuando tienes que estar sintonizada todo el día en otro idioma! En el King’s College hoy hemos estado todos absortos en las diferentes sesiones.

El día comenzó con una sesión plenaria titulada “By the Book: Authority, Authenticity, and the Body’s Narration“, de Catherine Belling. Absolutamente fascinante aunque en algunos momentos no pude seguirla al detalle (mi inglés es bueno pero no tanto). La cuestión central de la exposición fue: ¿cuál es la similitud entre la tortura y la medicina en lo que respecta a su relación con el cuerpo?. La conferenciante se centró en algo en que yo, personalmente, nunca había caído: cuando en medicina soslayamos la historia contada por el paciente sobre sus padecimientos y nos centramos en los hallazgos objetivos de las pruebas complementarias para decir si alguien está sano o no, lo que hacemos es considerar que el cuerpo miente, y que solo mediante técnicas especiales (el interrogatorio médico, la extracción de sangre, el sometimiento a radiaciones, la introducción de diferentes dispositivos por diferentes lugares del cuerpo…) podemos llegar a la verdad. En cierto sentido, la relación del médico con el paciente es una relación en la que el médico pone todo su conocimiento para extraer una verdad del cuerpo aunque éste no quiera decirla o a pesar de que quiera hacerlo  porque la historia del cuerpo, contada sin “tortura” no es confiable.

Francis Picabia, ‘Otaïti’ 1930Nos puso tres ejemplos. El primero sacado de Hamlet (muy anglosajón), en el momento en que Hamlet, violentamente, obliga a su madre a enfrentarse al espejo para descubrir lo que tiene oculto. La importancia de este ejemplo es que sólo nos damos cuenta de que existe un cuerpo cuando muere, cuando se queda tumbado en el escenario, silencioso. Hasta ese momento solo la trama es importante.

El segundo ejemplo fue una vuelta de tuerca puesto que intercambió los papeles. Utilizando el caso de la hipocondría nos presetnó una situación en la que el paciente es el torturador que quiere que el médico diga la verdad sobre su cuerpo. El médico se siente torturado para contar algo y lleva a decir cualquier cosa para que la “tortura” termine.

Finalmente, Belling recurrió a la serie “24 horas” para mostrar cómo, en nombre del superior beneficio, podemos saltarnos todas las reglas. Pensad de qué modo esto aplica a la medicina, cuando el superior interés del paciente se coloca incluso en contra del propio paciente. Y una recomendación biliográfica: Narrative Bodies; towards a corporeal narratology, de Daniel Punsay.

Una presentación increíble por lo de rompedora y, sobre todo, una oportunidad de reflexión sobre nosotros mismos, nuestra corporeidad y nuestra desconfianza hacia la propia corporeidad. En sociología se habla mucho de “in-corporar” en el sentido de tener en cuenta el cuerpo y la imagen que tenemos de él para poder entender nuestra cultura y a nosotros mismos. En el caso de la medicina ni siquiera hemos empezado a plantearnos este concepto y lo que implican los significados e interpretaciones, ocultas incluso para nosotros mismos, en relación con el cuerpo.