La importancia de las historias

Lazo negro
Luto por los fallecidos en el accidente de tren de Galicia el 24 de julio de 2013

A la vuelta de las vacaciones, casi bajando del avión, ocurrió el terrible accidente que en los últimos 6 días ha estado omnipresente en nuestras mentes, en los medios, en las conversaciones. Aparte de las reflexiones que probablemente todos hemos tenido sobre la incertidumbre de la vida, la necesidad o no de buscar culpables, la capacidad de los seres humanos para responder a las tragedias, me gustaría destacar la capacidad que tenemos para empatizar con el dolor ajeno. Empatía significa “sentir con…” y en estos días hemos sentido el dolor con los afectados, con sus familias, y con todos los tocados por la tragedia.

Pero lo que me gustaría destacar es el poder de las historias. En cada periódico, en cada telediario, en cada programa de televisión nos transmiten las historias individuales de los heridos, los fallecidos, sus familias, los rescatadores…Son esas historias, en las que identificamos a cada persona con una vida concreta, individual, con una historia personal, las que nos llevan a la identificación más profunda. Al absorber sus historias los convertimos en parte de nuestra propia historia personal. Sin esas historias solo hay números, números terribles, pero números. Y los números nos pueden aterrorrizar, pero no nos conmueven.

Esa es la importancia de las historias que la Medicina Narrativa insiste en poner en valor en la práctica sanitaria. Al escuchar, absorber e identificarnos con las historias de los pacientes pasan a formar parte de nuestra historia, nos conmueven (nos movemos “con”) es decir, hacen que pasemos a formar también de la historia del paciente. Ponen nuestras emociones y sentimientos al descubierto y nos vuelven más humanos. Pero también nos permiten comprender el impacto de la enfermedad en la vida de cada paciente y solo así podremos ayudar a minimizar ese impacto, podamos o no contribuir a curar la enfermedad o enfermedades en cuestión.

No se trata de renunciar a la ciencia, sino de recuperar el valor de las historias individuales, únicas, de recuperar el poder de la escucha y el valor de la lectura atenta de nuestros pacientes.