Publicidad: cuando la salud es el tema principal.

Las vacaciones han supuesto un tiempo de desconexión, mental y física, del día a día, incluyendo este blog. Ahora toca volver y aprovechar el tiempo prestado a la reflexión. Tras varias semanas evitando conectarme he descubierto que he llegado a las 1000 vistas. Aunque nunca me plantée tener lectores fijos, reconozco que tengo, como todo el que expone sus ideas públicamente, el deseo de ser escuchada. Y me siento satisfecha y animada para continuar con este proyecto.

Estas vacaciones, sin viajes ni actividades especiales, me han permitido ver televisión, o al menos, tenerla encendida mientras hacia otras cosas en casa. Y me ha sorprendido, esta vez desagradablemente, la cantidad de anuncios que usan el reclamo de la salud. Alimentos que se presentan como medicamentos, medicamentos (o productos sanitarios) que se presentan como la solución a todos los problemas, etc. Me refiero a las campañas contra el colesterol con lácteos y margarinas, las campañas contra la osteoporosis con yogures, los ánimos a consultar por la eyaculación precoz, los botitos de alimentos para evitar tener que hacer de comer o que el peque/la peque se ponga de bronca en el almuerzo, los calienta-espaldas, etc., etc., etc. sin olvidar el famoso refuerza-defensas. Me pregunto cuántos de estos anuncios son vistos por mis pacientes. Y cómo, poco a poco, entra en su conciencia una angustia vital por la cantidad de problemas de salud que les acechan y la necesidad de luchar contra ellos,  y cómo se angustian ante la necesidad de dedicar a la alimentación más dinero, para comprar productos más caros, que prometen la vida eterna, o al menos la eterna vida sana.

Las creencias colectivas se construyen muy lentamente, y muchas veces no somos conscientes de nuestra participación en esa construcción colectiva. Y se desmontan mucho más lentamente. Es innegable el papel que los profesionales médicos hemos tenido en esta sociedad que va convirtiendo la salud en un valor absoluto. Fuimos nosotros los primeros en insistir en la importancia de “bajar el colesterol”, de “prevenir la osteoporosis”, “de convertir en enfermedades lo que antes no era considerado como tal”. Consciente o inconscientemente, nosotros nos apropiamos de la definición de salud, como tanto nos recuerda Ivan Illich, y el resto de la sociedad empezó a entender la salud a partir de las definiciones médicas. También fuimos nosotros los que empezamos con los rituales de prescripción de vitaminas para reforzar la salud, de estimulantes del sistema inmune, de fármacos preventivos para tratar el futuro. También nos responsabilizamos de indicar qué comer, cuánto dormir, qué ejercicio hacer, en fin, de clasificar toda actividad vital en saludable o peligrosa, en virtud del “hipotético” impacto en la salud.

Inevitablemente perdimos el control. Y el mundo comercial encontró un filón de oro. Con las personas ya suficientemente preocupadas y convencidas de la necesidad de gastar tiempo y dinero en salud (o mejor en evitar perderla), el nicho de mercado está preparado. Y los supermercados se han convertido en farmacias-like, pero sin prescripción, sin necesidad de explicar riesgos y beneficios, sin responsabilidad social. Y las consultas se llenan de personas sanas preocupadas por dejar de serlo, con problemas vitales normales que tienen definición en el CIE o el DSM-V, temerosas de que una transgresión, incluso incosciente, acabe con el bien más preciado, la salud.

Creo que es necesario iniciar un proceso de reflexión colectiva sobre esta comercialización del miedo a la enfermedad y la búsqueda de la salud y tomar una actitud activa en ello, como ya hacen muchos, con una visibilidad todavía limitada a nivel social. Basta con bucear por internet para encontrar blogs, twitts, etc. que intentan deconstruir los conceptos tan arraigados que tenemos. Como ya insistía Deleuze, es necesario revisar a los conceptos. Para ello es necesario pararse, revisar lo hecho, entender un poco las dinámicas sociales y culturales. Ya no nos basta con la medicina para dar respuestas.