Medicina de Familia…y sin embargo te quiero

La mayor parte de las veces que leo a algún/a médic@ de familia hablando de su trabajo, el discurso se centra en la parte más negativa de nuestro trabajo, en lo que no conseguimos, en la presión asistencial, en la “maldad” de los gestores, en la improcedencia de las consultas urgentes, en la cantidad de burocracia, etc. De esta manera, la metanarrativa (la narrativa general que se extiende entre todos) es la de la “i love medicina de familiamala vida” de l@s médic@s de familia. ¿Alguien, en su sano juicio, querría formar parte de esta historia?
Hoy, un miembro del grupo administrativo de mi centro de salud me ha dicho que entiende l@s médic@s estemos un poco hartos de todo, cansados de esta manera de trabajar, de no ser “médic@s”. Y entonces me he dado cuenta que mentiría si hubiera asentido. Yo no estoy harta de mi trabajo, es más, disfruto haciéndolo.
Es cierto que son más los días de 40 que de 30 pacientes, más los días con 6 horas de consulta que con 4; que hay pacientes que mal-utilizan las citas urgentes, y que hay consultas puramente burocráticas ( y que hay días en los que hubiera preferido no levantarme de la cama :)). Pero no puedo decir, en ningún caso, que me aburra. Abundan los casos interesantes desde el más estricto punto de vista médico ortodoxo, es decir, necesidad de hacer anamnesis, exploración, planteamientos diagnósticos y terapéuticos. Y abundan mucho más los casos que piden, casi a gritos, un planteamiento de medicina humana, de escucha, comprensión y acompañamiento. Y no siempre consigo estar a la altura de lo exigido en unos y en otros. La necesidad de aprender y estudiar continuamente es un acicate para mantener el interés en la profesión.
¡Qué decir de la burocracia! Son muchos los papeles inútiles realizados, pero… muchos pacientes sin controles de ningún tipo en sus enfermedades crónicas pueden ser re-enganchados al acudir a “repetir” (pocos dejan de hacer las recetas), adolescentes/jóvenes que acuden al “inútil” certificado médico para la matrícula caen en las redes del consejo anticonceptivo, la solicitud de transporte sanitario se convierte en una pequeña charla sobre las dificultades del cuidado… el problema no está en la actividad sino en lo que pensamos y hacemos con ese momento, con ese pequeño encuentro.
No todo es bueno al 100% pero tampoco es, como algunos parecen transmitir, malo al 100%. Lo cierto es que no me imagino ninguna profesión que sea 100% perfecta, en la que todo sea emoción, reto intelectual, sin decepciones y algunas rutinas. Tampoco ningún trabajo, por cuenta propia o ajena, en la que no haya roces con los jefes o las administraciones públicas, los clientes, etc. Pero yo no cambiaría de profesión, y conozco a pocos, incluso los que solo cuentan “malas aventuras” que deseen hacerlo.
Así que creo que tenemos que cambiar nuestra narrativa. En primer lugar, por nosotros mismos. Nos repetimos tanto que esto está mal, que no importa ya como esté, en nuestra imagen mental todo será evaluado con la premisa de que estará mal. En segundo lugar, por nuestros pacientes (y por nosotros mismos, de rebote), si continuamente oyen lo que no podemos hacer, nunca se creerán todo lo que sí podemos hacer por ellos. Y, en tercer lugar, por l@s futur@s médic@s de familia: si los estudiantes solo oyen desventuras, ¿quién querrá continuar con nuestra aventura?
Lo importante en nuestras historias personales y colectivas no son los hechos, sino los significados que asignamos a esos hechos. Es hora de empezar a cambiar los significados de los hechos de la atención primaria española. Es hora de hacerla deseable para todos, de crear envidia… al fin y al cabo la envidia es la principal “virtud” que se nos asigna a los españoles.

Y todo esto sin dejar de luchar por la mejora de la Atención Primaria…todo un reto.

¿Para cuando la versión española de Family Medicine Revolution?