YO MISMA, A MI MISMA, SIN NADIE MÁS

Eres una empresa de ti misma, tienes que producir, has llegado lejos y lo has hecho sola, no has necesitado a nadie. Ha sido tu propio esfuerzo, tu trabajo duro, tus noches en vela. ¿Por qué deberías ahora colaborar con los demás? Cada uno construye su propia historia.

¿O no?

Crecimos y crecemos en una sociedad que ha conseguido imponer un relato único, el de que cada uno se hace a sí mismo. Nadie debe necesitar a nadie. Necesitar a otros es debilidad. Una selva de seres individuales, luchando por la “comida”, por cada puesto, por cada escalón, hechos a sí mismos, sin ayuda, solo su esfuerzo, el mérito. Y has llegado y crees firmemente que no debes nada a nadie.

No necesitas agradecer nada a nadie, ni en tu camino ni el día a día. ¿La cajera que te pasa la compra? Es su trabajo. ¿La señora que limpia tu despacho? Es su trabajo. ¿La persona que te cede el paso en la calle? Es que molesta, ¿no lo ve?, yo voy más rápido, avanzo más. Si esas personas están ahí y no aquí, es porque no se esforzaron lo suficiente.

Fantasías que te permiten pensar mejor y mejor de ti misma. Que te permiten vivir sin colaborar con nadie. ¡Cada palo que aguante su vela! Que te liberan de la responsabilidad de pensar en los demás. ¡Con cuidar de mí misma tengo suficiente!

Pero…

Y si fuera un engaño…

Y si fuera una fantasía, un sueño, una pesadilla…

Y si fuera un modo de aislarte de todo y todos. Así sola, eres más maleable, más manipulable, más fácil de engañar, de enganchar en una vida que solo sirve para exprimirte hasta la extenuación.

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Entre trabas de la ropa…

Imagen de Michael Treu en Pixabay


Subo a la azotea. He redescubierto el placer de tender la ropa al viento y al sol. El aire frío de este invierno suave compensa un poco la intensidad del sol. Entre flexión y extensión para coger una nueva pieza de ropa y asegurarla en la liña con las cada vez más escasas trabas que van sobreviviendo a los meteoros, pienso en cómo plantear el análisis estadístico de mi proyecto. Los ojos se me van de cuando en cuando hacía el mar, azul brillante, allá a lo no tan lejos. Los oídos se recrean en los pájaros. ¿Se oye un cernícalo a lo lejos? Miro a las montañas. Y mi corazón añora la última vez que las vimos nevadas. Y vuelvo a mis pensamientos. Ese curso, ¿cómo plantearlo para que sea interesante a la vez que entretenido, enriquecedor a la vez que placentero?

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