En Teoría de la Cultura se considera natural aquello que se transmite a través de la genética y cultural aquello que se transmite por aprendizaje social. Hasta aquí parece muy fácil establecer una distinción entre ambas. Pero a lo largo de la historia de nuestra sociedad ambos conceptos se han confundido en una suerte de amalgama que permite utilizarlos para controlar el comportamiento de grupos sociales, especialmente por aquellos que ostentan el poder.

En el imaginario popular lo natural es lo que viene de fábrica, lo que no podemos cambiar porque está en nuestro más profundo interior, en lo que nos define como especie, los genes. Así que, para calificar algo de absolutamente incorrecto y digno de desprecio, solo tenemos que calificarlo de anti-natural, definiendo como «natural» el comportamiento deseado. Así, en momentos no alejados de nuestra época, muchos de los comportamientos que la sociedad (masculina) deseaba de las mujeres han sido calificados de «naturales», de insertos en su «naturaleza». Si una mujer se atrevía a elegir modos de vida diferente se convertía en culpable de actuar «contra la naturaleza». Y así podemos encontrar un montón de ejemplos, incluso en el día actual.
Por otro lado, «culturizar» eventos naturales proporciona al ser humano la capacidad de dominarlo. Como el hombre no puede cambiar la naturaleza, basta con que rodee de cultura un hecho natural para poder apropiárselo y aplicarle las condiciones del poder. Continuar leyendo «Naturaleza y cultura…oposición y herramientas de poder»
