Compartir el conocimiento

«Ki Deus a duné escïence
E de parler bon’ eloquence
Ne s’en deit taisir ne celer,
ainz se deit volunters mustrer» (Lais. Marie de France. Introducción)

Lo que viene a significar, según la traducción de Carlos Alvar, en Lais de Maria de Francia: » A quien Dios ha dado sabiduría y buena elocuencia para hablar no debe callarse ni esconderse, sino que debe mostrarlo con agrado»

Pensemos que esta introducción fue escrita en el siglo XII, entre los años 1160 y 1180, por la primera mujer escritora de la que se tiene conocimiento en la Literatura Europea. Si intentamos hacer una actualización a nuestro momento histórico, mi reflexión me conduce al compromiso de compartir lo aprendido.

Tal vez hoy no debamos decir que Dios concede la inteligencia, pues no está de actualidad, pero sí podemos afirmar que algunos hemos tenido la suerte de acceder al sistema educativo, a diferentes fuentes de aprendizaje y conocimiento, y tenemos experiencias singulares. Compartir todo esto con los demás es una obligación, para permitir que el conocimiento crezca a partir del diálogo y la reflexión.

Ahora, como nunca, disponemos de los medios para difundir y compartir. María de Francia tuvo poco más que la posibilidad de producir unos pocos manuscritos, en los que dejó plasmados en escritura lo que hasta entonces era conocimiento oral, el de las leyendas bretonas. Además, puso en valor la lengua provenzal, más allá de usar el latín, como hacían las clases cultas, permitiendo el acceso al conocimiento a aquellos que no conocían esa lengua. Y se puede decir que protagonizó el inicio de la literatura en francés.

A nosotros nos toca seguir abriendo camino, poniendo el conocimiento al alcance de todos. E intentando traducir lo que la medicina presenta en un lenguaje para iniciados a todos los que pudieran estar interesados en ello.

Como podeis ver, del estudio de materias en principio nada relacionadas con la medicina se puede extraer conocimiento útil para todos. Y, sobre todo, reflexión.

Conocimiento ≠ Ciencia

Estamos acostumbrados a pensar que conocimiento y ciencia son sinónimos o, al menos, a pensar que solo el saber proporcionado por la ciencia puede tener la confianza suficiente para ser considerado el único conocimiento válido. Probablemente esto se ve reforzado por la apetencia de la Medicina por los postulados del positivismo científico y de la revolución que se produjo en el mundo médico gracias a los avances científicos a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

Pero llama la atención que en los estudios de Medicina no se plantee la reflexión epistemológica, es decir, una reflexión sobre el modo en que la Medicina conoce y qué tipo de conocimiento considera correcto y qué tipo de conocimiento debería considerar correcto.

La definición clásica de «Conocimiento» es : «creencia verdadera y adecuadamente justificada«, es decir, conocemos cuando damos razón de una cosa, cuando se justifica con razonamiento. De este modo es posible que podamos tener conocimiento no solo por la evidencia sino también por el razonamiento. Y, lo que es más, el conocimiento es una creencia en el sentido en que es contingente al momento en que se enuncia y puede ser falsa en el futuro.

En la historia de la filosofía podemos encontrar diversos modos de entender lo que es conocimiento válido o no, e incluso quienes afirman que no es posible conocer (los escépticos). Por ello resulta muy peligroso afirmar categóricamente que solo el saber proporcionado por el método científico deber ser considerado como conocimiento válido.

A partir de esta premisa se abre un mundo de descubrimientos que nos permiten reflexionar sobre la medicina y el modo en que conocemos dentro de ella. Por supuesto, ello nos llevará necesariamente a tener que exponer lo que creemos que es la medicina: es decir, epistemología y ontología (saber y ser). Y posiblemente nos aleje de cualquier tipo de absolutismo científico (o no).

Pero esa es la aventura que me he propuesto con este blog.

Un comienzo…

Estimad@s amig@s lectores que os acerqueis aquí,

el objetivo de este blog es crear un espacio de reflexión, principalmente, de reflexión personal, sobre las intersecciones entre la Medicina, la Ciencia y el Arte. El tema central es la Medicina, pero dado que la entiendo como una práctica humana, es imposible separarla del conocimiento de la ciencia y de las humanidades (que aquí agrupo bajo el término «Arte»).

No se trata de considerar que la Medicina es Ciencia y Arte, como siempre me enseñaron mis profesores y mayores, sino que la Medicina es una práctica, una profesión, que necesita a la Ciencia y al Arte para actuar. De ellas extrae conocimiento, que aplica a las personas, a ambos lados de la mesa (profesionales y pacientes).

Por eso, en este blog iré anotando esos hallazgos que, procedentes de las tres fuentes, encuentre útiles para abordar mi práctica médica, reflexionar sobre ella, y sobre todo, parafraseando a Maimónides

Maimonides-2

«buscando la ocasión de ensanchar infatigablemente mis conocimientos, pues si el arte es ilimitado el espíritu del hombre avanza siempre«

Espero que otros se unan a mí en esta aventura.

Bienvenidos.