Sobre mí y este blog

Me llamo Mariola Marrero y soy médica especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, por profesión y vocación. Pero, como tod@s, no responde a una única historia, sino que adoro lo complejo y la variedad del conocimiento. Así que, además de la medicina, soy Graduada en Humanidades, y me he formado en Economía de la Salud (máster), Investigación en AP (máster) y he coqueteado con la Medicina Basada en la Evidencia y con la Medicina Narrativa (Humanidades Médicas). Como veis la variedad y lo general son mi sello: conocer mucho pero no saber mucho de nada. Así que me coloco en la posición de buscar puentes entre diferentes campos de conocimiento, todos con la mirada puesta en la Medicina, como centro.

Este blog es una forma de expresarme y contar a los demás lo que voy aprendiendo sobre medicina y humanidades, especialmente. Está dedicado a todas las personas de las que aprendo y a todas las que consideren que pueden aprender algo de mi.

Me comprometo a cumplir con los principios éticos que rigen la profesión médica. En este blog no se dan consejos para pacientes de forma individual y se rige por el compromiso por la confidencialidad de las historias que se cuentan. Cuando las historias recogen la experiencia individual de un paciente concreto solicitaré autorización al paciente y modificaré los datos para evitar su identificación.

Intento utilizar material disponible en la web con licencia Creative Commons. Si alguna persona considera que vulnero sus derechos de propiedad, solo tiene que comunicármelo (admin@medicinacienciayarte.com) y será inmediatemente retirado. Si alguna persona considera que alguna de mis entradas vulnera los principios éticos le agradezco que me lo haga saber por el mismo medio.

Espero que puedan disfrutar leyendo, tanto como yo disfruto escribiendo.

Entradas recientes

Lo “humano” se nos supone…

Surgen aquí y allá críticas sobre el impulso “humanizador” de algunos gestores sanitarios. No me queda claro si el problema es lo “humanizador” o lo de gestor, o lo de que sea un gestor (paradigma de lo inhumano, a tenor de lo que se lee) el que hable de humanización.
A los sanitarios, lo humano se nos supone (como el valor a los soldados). Y como se nos supone y parece que nos lo inculcan, cual don divino, en el momento de pagar la primera matrícula en la universidad, ya nadie se preocupa de analizar, evaluar y formar en esa cuestión. ¿Para qué? Ya lo llevamos dentro. Eso sí, si siendo sanitario, se te ocurre pasarte al “lado oscuro”, cual Darth Veider, pierdes lo humano y te conviertes en máquina deshumanizada. Supongo que si regresas a La Luz, milagrosamente recuperas la humanidad al pasar la frontera de la puerta de la consulta.

Disculpad la ironía. Os contaré una anécdota. Por necesidades del servicio, esto es, porque la guardería no acoge a bebés enfermos, me llevé mi bebé a la facultad de medicina hace unos días, carrito con todo, bolso con libros, y ¡escaleras! Para llegar a mi destino, tres tramos de escalones que me parecieron el ascenso al Everest. Pero me dije: ” este pasillo está lleno de jóvenes lozanos y humanos estudiantes de medicina, llenos de valores de altruismo y ayuda. No será difícil. Se pelearán por demostrar que son lo que quieren ser, buenas personas para ser buenos médicos”. Mi gozo en un pozo. ¡Ni uno! Ni uno, ni una se ofrecieron a ayudarme a elevar el carrito con mi niña a las alturas. 

Por eso, cuando leo la idea de que los médicos somos humanos por naturaleza, me da un poco de risa. Los médicos no somos ni más ni menos humanos que los pacientes (y hay pacientes que agreden a los médicos). Aunque tenemos la obligación moral de serlo más. Pero si nadie te lo enseña, si nadie te enseña a reflexionar sobre esas pequeñas cosas que has convertido en rutina y ya no te escandalizas por ellas (como no se escandalizaban los dueños de esclavos de sus condiciones), no hay humanidad en la atención. Cuando no te miran a los ojos, cuando no te llaman por tu nombre, cuando no comprenden tu sufrimiento, cuando las burlas son el pan de cada día y el único mantra. Cuando no te piden permiso para quitarte la ropa, no te explican lo que te van a hacer, no saben de tu miedo y tu angustia…etc. Eso es deshumanización.

Y sí, las condiciones laborales malas fomentan la deshumanización, pero no son la única causa. Y las buenas condiciones laborales y los buenos sueldos, por sí mismos, no humanizan nada (o Rodrigo Rato sería candidato a santo), porque el proceso de deshumanización de la atención sanitaria no es nuevo. Ha seguido un camino paralelo a la tecnificación, a la objetivización de los pacientes que han perdido su condición de sujeto para ser objeto de la ciencia. Y este camino ha sido largo y ha pasado por etapas de vacas flacas (como la actual) y de vacas gordas (como la previa). 

La humanización de la atención sanitaria es responsabilidad de todos. Porque un médico con interés genuino por el otro, lo será en la consulta (y se interesará por los pacientes) y lo será en la gestión (y entonces su interés serán sus trabajadores). Por lo que es una inversión de futuro para todos. 

Es cierto que no podemos desvestir a un santo para vestir a otro (esto es, dejar sin cubrir las plazas para crear unidades de humanización), pero tampoco podemos esperar a tener la cocina de nuestros sueños para comprar una lavadora. Hay que intentar mejorar un poco por todos los frentes. ¿Cómo? Ese es el problema. Sabemos qué pero es complicado acertar en el cómo. 

No creo que un gestor inhumano sea capaz de incentivar la humanización de la atención sanitaria. Pero eso no invalida la idea de la necesidad de trabajar en ello.

Y como muestra un botón, un proyecto interesante en el que se implican los profesionales: http://humanizandoloscuidadosintensivos.com/es/inicio/

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