¿Sociedad del Conocimiento o de la Ignorancia?

El concepto de hipertexto crece y se expande en un nuevo paradigma de sociedad: “ LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Y EL CONOCIMIENTO”.

Las anotaciones de esta entrada son reflexiones y conclusiones a partir de la lectura (total o parcial) de los siguientes textos:

La Sociedad de la Ignorancia, editado por Gonzalo Mayos Solsona and Antoni Brey. 1. ed. Atalaya 417. Barcelona: Ediciones sociedad-de-la-informacionPenínsula, 2011.

La era de la información: economía, sociedad y cultura.  Manuel Castells.  Madrid: Alianza, 2003.

Historia de la sociedad de la información, de Armand Mattelart. Barcelona: Paidós, 2007.

Pero antes, una anécdota personal. Hace un par de años, tras volver de una reunión en la que me habían explicado el funcionamiento de la nueva Biblioteca Virtual del Servicio Canario de Salud, comenté a uno de mis compañeros, inquieto buscador de conocimiento, las posibilidades que ofrecía. Tras explicarle los modos de acceso y los recursos disponibles, solo pudo comentar una cosa: “Esto me provoca una gran frustación. Disponer, al alcance de la mano, de tanta información y no poder abarcarla toda, provoca sentimiento de culpa. Siempre hay mucho que no podremos saber.”

La Sociedad de la Información y el Conocimiento, por tanto, tiene dos caras: la de las posibilidades y la de las realidades. Y en ambas hay aspectos positivos y negativos.

 En primer lugar, este nuevo paradigma nos ofrece muchas mejoras:

–       La posibilidad de disponer de toda la información del mundo sobre cualquier tema

–       El acceso ilimitado a la información: la transparencia

–       La libertad para decidir qué información necesitamos para tomar nuestras decisiones

–   La posibilidad de comunicarnos de modo ilimitado, sin barreras temporales o geográficas.

Las mejoras tienen, sin embargo, su lado oscuro:

–   El exceso de información es inabarcable, nadie puede estar al día en todos los conocimientos que necesita. Es la “infoxicación

–   Se hace necesario convertirse en “expertos” en áreas concretas, lo que nos deja aislados del conocimiento general para el funcionamiento social y democrático. La obsolescencia cognitiva nos obliga a renunciar a una cultura estable, por lo que solo queda el recurso a potenciar la vida privada en detrimento de la vida pública/social: la democracia se resiente.

–    El tiempo dedicado a buscar información no deja tiempo para crear el conocimiento, que necesita de la reflexión a partir de la información. Por lo tanto, la sociedad de la información genera una sociedad de la ignorancia y de la incultura.

–  La subjetividad se construye, en este momento, preferentemente a partir de la transmisión horizontal de la cultura, una cultura en perpetuo cambio que no permite la adaptación del individuo, y que es plural hasta el infinito, obligando a la elección constante.

–   La pluralidad y la infinitud de información disponible obliga a renunciar a disponer de una cultura general suficiente que permita el empoderamiento democrático, obligando a cada individuo a especializarse en un solo campo de conocimiento y a dedicar toda su energía a mantener el nivel adecuado.

–   Pero, sin disponer de una cultura global que le permita tener una idea general de la sociedad, queda a merced de los mensajes, especialmente los audiovisuales, que, controlados desde una estructura de poder difuso, permiten mantener las viejas estructuras sociales de poder, especialmente las patriarcales, sin que se produzca una reacción a ellas. El único reducto de reacción se encuentra en el refugio en viejos valores, transformados por lo actual, lo religioso, lo étnico o lo nacional, se constituyen en un amarre seguro ante la indefinición y la pluralidad. Y en esa necesidad de una identidad segura se asientan los fundamentalismos actuales.

La cara oscura no invalida el potencial de las Tecnologías de la Información y el Conocimiento, pero si no conocemos los aspectos positivos y negativos por igual podemos acabar viviendo en un mundo irreal. Si somos demasiado utópicos con el beneficio esperable de los avances tecnológicos no podremos entender las derivas inesperadas de la sociedad. Nos toca por tanto, renunciar a parte de la información y comenzar a crear conocimiento.