Ser uno o ser dos, ¿es esa la cuestión?

Wikisanidad y su #Carnavalsalud han propuesto para este mes un tema complejo: Marca personal, marca profesional, ¿juntas o separadas?. Esta es mi primera participación en este proyecto, Wikisandiad, del que tuve conocimiento hace algunos meses, y el tema resulta de mucho interés para alguien, como yo, que ha empezado su andadura virtual hace menos de un año, y que sigue llena de muchas dudas.

soytwitterEn el fondo, la pregunta no es diferente de la que dominaba el debate en mis primeros años de andadura por la medicina de familia: ¿debe un/a médic@ de familia convivir en el mismo entorno que sus pacientes o es recomendable vivir en un lugar diferente a aquel en el que trabajamos? Es decir, ¿nos importa que nuestros pacientes conozcan la parte pública de nuestra vida personal? Reconozco que no me atrae demasiado encontrarme continuamente a mis pacientes en el supermercado, la farmacia, el bar de la esquina, etc. pero las circunstancias me han llevado a un punto intermedio entre la convivencia total y el encuentro frecuente, y me voy acostumbrando. La cuestión en las redes sociales es similar: ¿debo dejar que mis pacientes/contactos profesionales conozcan mi vida personal/extraprofesional? Y no hablo en ningún caso de lo que considero privado (esas son privadas, ni en las redes ni en la comunidad).
Hay dos temas en este asunto, y en la pregunta planteada, que me han obligado a reflexionar a lo largo de estos días: la cuestión de la identidad y los significados que, casi sin querer, nos transmiten las palabras que utilizamos (alguien lo ha llamado las metáforas con las que hablamos). Gracias a la bibliografía que nos han dejado los organizadores y a la interesante lectura de los blogs de otros compañeros, me han surgido muchas reflexiones.
La cuestión de la identidad es un tema recurrente de la filosofía. No en vano la pregunta ¿quién soy? forma parte de las preguntas básicas del ser humano. En este tema de si debemos tener una identidad virtual personal y una identidad virtual profesional diferentes hay mucho de ese debate de siglos. No voy a relatar las diferentes respuestas que los filósofos han ido dando a la cuestión, baste con saber que, en el mundo contemporáneo, no sólo filósofos, sino también sociólogos y pensadores (en el amplio sentido del término) han intentado aclarar el tema. Como recomendación me quedaría con la lectura de Zygmunt Bauman (Identidad). Parece claro que la construcción de la identidad individual es una tarea que no se realiza sólo de manera individual, sino que está fuertemente condicionada por la sociedad en la que vivimos. Pero es una tarea que nos ocupa toda la vida, es decir, no hay una identidad terminada y luego vivimos de ella, sino que se trata de una idea en permanente revisión y construcción. Un trabajo para toda la vida (de esos que no abundan en estos tiempos).
La cuestión de la identidad virtual adquiere otro matiz. Se trata no tanto de construir la propia identidad, como de construir una identidad aparente a los demás, o dos, o más, según escojamos. Se me antoja demasiado caro, en términos de energía vital, tener que trabajar en mi identidad real y luego tener que mantener identidades aparentes diferentes en diferentes contextos, e intentando evitar que cada persona solo tenga acceso a aquella “identidad” que me interesa dejarle conocer. ¡Qué lío!
Además, no me parece posible separar la identidad personal y la profesional porque simplemente una y otra se imbrican tanto en mi persona que uno no es profesional por un lado y persona individual por otro. Cada aspecto de la vida contribuye a nuestra propia identidad, y se funden de modo imposible de separar. Soy lo que soy 24 horas al día, aunque en cada momento me dedique a tareas algo diferentes, al fin y al cabo, lo de médica no es algo de lo que  trabajo, sino algo que soy.
La segunda cuestión, la de las metáforas, nace de las palabras utilizadas en el tema escogido: ¿MARCA?. El término me remite al mundo comercial. Una marca es, según la RAE, la señal hecha en una persona, animal o cosa, para distinguirla de otra, o denotar calidad o pertenencia. Marca es lo que distingue a un producto comercial. Y el término, utilizado para designar nuestra presencia en internet, denota cierto carácter de cosificación, de conversión en producto. Y reconozco que me asusta un poco. Si me considero a mí misma un producto y fabrico mi imagen en función de los objetivos de ese producto, ¿dónde va quedando mi propia persona, mi identidad? Tal vez, lo que realmente quiero tener es una sola identidad y varios productos: blog profesional, tal vez uno personal, uno sobre alguna afición, un twitter personal, otro profesional, el facebook, instagram, linkedin, etc. en fin…el mundo virtual no se acaba en una sola entidad. Pero tendré aquellos que mis recursos me permitan, principalmente mi tiempo, y en los que encuentre un retorno adecuado (todo esto para seguir en la metáfora del comercio). Pero todos pertenecerán a mi misma identidad y no podré aislarlos. Así yo seré “yo” y lo demás serán productos. Pero yo no seré un producto.

Además todos se empeñan en darnos consejos sobre como actuar en internet. Curiosa costumbre que me recuerda al libro de buenos modales que usaba mi abuela en la escuela. En el fondo es lo mismo. Tal vez el problema se resolvería si parte del tiempo que dedicamos en la facultad a memorizar clasificaciones anatomopatológicas las dedicáramos a reflexionar sobre nuestro ser profesional, sobre las implicaciones que tiene elegir esta profesión de médico y las responsabilidades sociales que adquirimos. Me ha resultado muy interesante el artículo de DeCamp en JAMA. Lo que sí tengo claro es que no pueden existir guías de comportamiento para todas las posibles situaciones individuales. Es mejor enseñar a pensar que dar instrucciones mecánicas de acción.
En conclusión, sólo tengo una identidad (y mi trabajo me cuesta) y en internet mostraré aquellos aspectos de mi identidad que considero que puedo hacer públicos. Y expreso mis opiniones sabiendo que habrá quien las comparta y quien no, pero sin avergonzarme de ellas (el primer paso es reconocerme a mí misma como soy y no avergonzarme de ello). Soy profesional y persona a la vez y una no se entiende sin la otra. Y soy muy celosa de mi intimidad, así que me cuidaré de mostrar aquellas cosas que creo que deben quedar para mis allegados. No puedo hablar demasiado de twitter (uso poco mi cuenta y casi solo para el blog y para recibir información), ni de Facebook (mi cuenta está en situación de abandono, no acaba de convencerme) pero está reflexión me ayudara a seguir construyendo mi identidad digital.

Internet y revoluciones

Ya hemos visto como el hipertexto e internet modifican de modo progresivo el lenguaje que utilizamos, la literatura, nuestros conceptos sobre la ciencia, etc. Pero ¿es posible que el nuevo paradigma hipertextual, es decir, internet, redes sociales, web 2.0, etc., puedan modificar el activismo social?

Si analizamos los artículos que aparecen en la Wikipedia sobre el movimiento de los indignados y el 15M, veremos como algunas características tienen mucho de hipertextual:

– la organización en redes: grupos organizados que van intercambiando sus decisiones y su información, con una deslocalización temporal y espacial.

– la participación de todos y la instauración de mecanismos democráticos directos de decisión. Son más lentos pero más aceptables por todos.

– la organización horizontal y no vertical.

Por otro lado, las redes sociales actuaron como mecanismo de comunicación importante para la organización de las movilizaciones. Es posible que no todos estuvieran movilizados por las redes sociales en internet pero la combinación de redes virtuales y redes reales (recordemos que el concepto de red social es anterior a internet) tuvo un enorme impacto.

El movimiento ha generado un nuevo discurso y la posibilidad de discutir abiertamente el presente y futuro de las instituciones y el modelo de sociedad y estado. Sin embargo, es dificil prever que, como movimiento, pueda provocar cambios revolucionarios. Negri y Hardt, en un seminario plantearon las opciones de futuro a corto plazo: el agotamiento por frustración (por no conseguir objetivos de cambio a corto plazo), la radicalización grupal (por el mismo motivo) o la reterritoralización estable (en barrios) con mayor capacidad de movilización continua.

La cuestión fundamental es que el 15-M es una muestra del poder de cambio en las estructuras sociales que se deriva de los cambios en el lenguaje, en el conocimiento y en las relaciones provocados por los nuevos medios.