“Vanidad de vanidades, todo es vanidad”

Cuando llevas 15 meses sin ir a trabajar el primer día se convierte en un reto mayor que escalar un 8000. De la más básica duda (¿me acordaré de la clave del ordenador?) a la más fundamental (¿habrán cambiado el algoritmo de RCPA?), tienes tantas preguntas en la cabeza que si tuvieras que escribirlas no te daría la jornada laboral. De la angustia de volver a lidiar con la historia clínica electrónica, con el nuevo sistema de IT, pasas a la angustia de disimular que no te acuerdas de los nombres comerciales de los fármacos y ni idea de lo que contienen cuando te dan un nombre (lo que se agrava por el hecho de que llevo algunos años usando solo las DCI).

Pero entonces, ¡ocurre!. Empiezan a entrar los pacientes, TUS pacientes. Dos besos en la puerta y los parabienes anteceden a cualquier pregunta normativa del manual de Entrevista Clínica. La duda que más veces me han planteado mis pacientes (que no son míos, ya lo sé) es ¿fue niño o niña? Debo reconocer que halaga cuando tantas personas tienen interés, la mayoría de las ocasiones sincero, en tu vida.
Pero este proceso de reincorporación, reencuentro y reconocimiento tiene una cara oculta, un riesgo peor que el dimg_0777-1el colesterol alto. Corres un elevado riesgo de caer enfermo de vanidad. “¡Qué bien que ha vuelto! ¡””Su sustituta no era mala, pero…ya sabe…usted es mi médica.””¡Cómo usted, ninguna!””Yo estaba esperando a que volviera para pedir cita” (que ya es esperar, oiga)”Le he preguntado a su marido cuando volvía” (cosas de vivir en el pueblo de al lado), “Usted sí me entiende” “Usted sí se preocupa””Usted sí que sabe”…y muchas otras expresiones que atacan directamente a la línea de flotación de la vanidad médica. Sigue leyendo