EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL DE HABERMAS Y EL CASO DE ESPAÑA

Después de todas estas dudas, reflexiones, opiniones y tal vez, tras haber generado más de un malestar ( que son el origen del aprendizaje), quiero plantearme una última pregunta más. La lealtad a la Constitución, como norma superior aprobada por todos los españoles, se esgrime una y otra vez como justificación para no permitir un cambio del estatus actual. En cierta medida parece que todo/a ciudadano/a español/a debe acatar como correctos aquellos preceptos recogidos en la Constitución sin que haya demasiada cabida a la discusión sobre la pertinencia de ellos. Es decir, a veces siento como si la Constitución fuera el clavo que cierra cualquier posible debate sobre temas políticos: si la Constitución lo dice…no hay más que hablar.

En este sentimiento de inflexibilidad que se nos transmite hay algo de dogmatismo que, personalmente, me recuerda al dogmatismo religioso: cuando hay una indicación clara desde arriba, los fieles no deben discutirlo, el problema ya ha sido resuelto. Sin embargo, el mismo concepto de constitucionalismo parte de la idea del consenso ciudadano a la hora de diseñar las leyes que le van a afectar. El patriotismo constitucional se encarga de defender este concepto. Sigue leyendo

LA NACIÓN ¿ESA GRAN DESCONOCIDA? (II)

Continuando con los interrogantes del post anterior  aún no he definido qué es una nación.

La nación es pueblo y el pueblo forma la nación. ¿Es lo mismo pueblo que nación? Si es lo mismo, podremos estar satisfechos si definimos “pueblo”. ¿Quién es el pueblo español¿ O el pueblo canario? Los que tienen la nacionalidad, los que viven aquí, los que hablan la misma lengua y comparten la misma cultura (o la misma religión)… Sigue leyendo

LA NACIÓN ¿ESA GRAN DESCONOCIDA? (I)

En los dos post anteriores he planteado elementos que nos invitan a sentirnos parte de un colectivo, más grande que el de las personas cercanas. También el modo en que los conceptos de identidad y tradición pueden ser manipulados para conseguir que nos sintamos parte de colectivos imaginados, como dice Benedict Anderson. Pero, cuando el problema se centra en justificar nuestras acciones y opiniones (políticas, ideológicas) porque nos consideramos “nación”, sería muy importante que tuviéramos claro que significa ese término.

Una nación ¿es un estado? ¿Es un territorio? ¿Es un grupo de personas que comparten etnia o cultura o idioma? ¿Es solamente la expresión política de un sentimiento de pertenencia excluyente (soy esto y no soy lo otro)?

Pongamos un ejemplo curioso sobre la dificultad de encontrar una definición clara de nación: la ONU (Organización de Naciones Unidas) sólo admites estados como socios. ¿Podemos decir que nación es igual a estado? Porque en ese caso nadie puede definirse como nación si previamente no tiene estado, o lo que es mismo, no puedo esgrimir la justificación de ser nación para pedir ser estado (puesto que la condición es posterior a la consecuencia). Pudiérase argüir que toda nación tiene que ser obligatoriamente estado, y que la ONU solo se llama así en virtud de una ideología utópica en la que espera que, en el futuro, todo estado sea representación de una sola nación. Pero parece mucha utopía para un organismo político.

Otra pregunta que nos puede rondar: si la nación(=estado) se define por una cultura y un idioma concreto ¿cómo pueden los belgas convivir en un solo estado, con dos idiomas y dos culturas claramente diferentes? O, lo que es lo mismo, ¿cómo es que los hablantes de lengua inglesa tienen tantos estados diferentes? O ¿por qué Mónaco es un estado si comparte cultura, idioma y hasta alguna institución con Francia? O es que, como vimos previamente, aunque el idioma sea el mismo, ¿podemos definir culturas diferentes? Entonces, ¿cultura no es lo mismo que idioma compartido? Sigue leyendo

LA TRADICIÓN CULTURAL COMO BASE DE LA NACIÓN.

Cómo hemos visto en la entrada anterior, existe un proceso, casi siempre inconsciente, por el que se construye la identidad, individual  y colectiva. Pero también existen modos conscientes y voluntarios de fomentar la creación de una identidad colectiva. En el contexto de la idea foucaldiana de que la identidad es un modo de control por el poder, podemos suponer que el poder debe tener sus propias herramientas para conformarla. Una de estas herramientas es la tradición. Las tradiciones dan forma a la cultura de un grupo, proporcionando elementos de identificación comunes.

Que todas las tradiciones son inventadas no es un concepto complejo de comprender. En algún momento se inició el comportamiento que hoy llamamos tradición, y alguien o muchos se encargaron de darle valor de continuidad para constituirlos como tradiciones. Lo que convierte a un comportamiento en tradición es la aceptación de su valor por todo el colectivo. Las tradiciones pueden ser muy actuales o muy antiguas, pero no son naturales y, por tanto, no podemos considerarlas neutrales. Están cargadas de valor simbólico y su significado puede estar ligado a una intencionalidad, a la imposición de determinados significados culturales, de creencias o de valores, que conforman el modo en que una comunidad se comporta. Sigue leyendo