¡Sólo una medicina!

Leo con sorpresa una entrevista difundida a través de Twitter (se ha convertido para mí en un modo de conocer qué camina por el mundo médico), en la que el entrevistado afirma con rotundidad “medicina solo hay una”. Entrevista que puede enmarcarse en el amplio movimiento anti-pseudo-ciencia y anti-pseudo-medicina del que ya he escrito en otra ocasión y que tantas ampollas va levantando aquí y allá.

No dudo del compromiso del Prof. Mulet con la sociedad, dada su intensa crítica de lo que considera prácticas dañinas para los pacientes (que lo son en demasiadas ocasiones), ni su profunda formación científica, dado que se dedica a la ciencia. Pero la entrevista me provoca serias dudas sobre el conocimiento que tiene acerca de la medicina. Intentaré explicarme. Sigue leyendo

De dogmas, sociedad, medicina y vacunas.

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Vivimos en una sociedad asentada en dogmas. Un dogma, dejando aparte su parcela religiosa, es un, según el DRAE: “Proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable de una ciencia” y también “fundamento o puntos capitales de todo sistema, ciencia, doctrina o religión“. Una sociedad basada en el dogma requiere de verdades que no necesite reflexionar, que no puedan ser cuestionadas y que den seguridad a las decisiones de la vida diaria. Para más complicación, nuestros dogmas son moralizados, es decir, calificados en general como buenos o malos. Esto supone dar carácter de norma moral a estos dogmas y, por tanto, califica a quienes se adhieren o no a ellos.
Ser una sociedad dogmática facilita mucho la vida. Requiere gastar poca energía en pensar y en reflexionar, evita que nos cuestionemos a nosotros mismos y a nuestras decisiones y hace mucho más fácil la educación, puesto que es más sencillo enseñar contenidos que enseñar a pensar. Ser dogmáticos implica ser económicos en el uso de nuestra capacidad cognitiva.
La práctica médica y la subcultura médica no está libre de esta tendencia al dogma. Y la transmisión de ellos a los pacientes casi nos convierte en sacerdotes de una nueva religión, la salud.
Pero, tal vez deba poner ejemplos para apoyar mi tesis. Recuerdo una paciente con diabetes, absolutamente descontrolada y…desconcertada. Tras una profunda entrevista valorando sus hábitos dietéticos, la paciente exclamó: “Pero si yo estoy haciendo las cosas bien. Me han dicho la fruta es buena para la diabetes. Pues yo me como todos los días un kilo de mandarinas. ¡No entiendo porque voy mal con el azúcar!” Ergo, si la fruta es buena, mucha fruta es mejor. Esta es solo una de las consecuencias de nuestra tendencia a resumir cualquier intervención sanitaria con un “..es bueno…” o un “…es malo…” para la salud.
¿Por qué saco esto a la palestra? Sigue leyendo

El peligro de simplificar: ciencia, caos, vino, depresión.

Hace dos semanas una noticia llamó mi atención: beber vino protege de la depresión.

Copas de vinoComo buena curiosa, he buscado el artículo original en el que se fundamenta tan gratificante noticia. Se trata de un análisis particular de datos del estudio Predimed, una amplia cohorte de personas seguidas durante 7 años para analizar el efecto de seguir una dieta mediterránea complementada o no con nueces o aceite de oliva en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Pero, como todo estudio de cohortes, su complejidad y coste es lo suficientemente alto como para medir, de forma concomitante, toda otra serie de datos que puedan conducir a más información. En este caso, lo que se mide es la incidencia de depresión en personas previamente sin ella, agrupándolas en función de su consumo de alcohol. Ya advierten que las personas con consumos excesivos habían sido excluidas del estudio previamente. Se hace un análisis estadístico (que no alcanzo a comprender del todo, por mis limitaciones en ese campo) que ajusta por una serie de factores que podrían ser de confusión, como el sexo, el hecho de estar casado, el nivel de estudios, la actividad física y otros, y llega a la conclusión de que el consumo moderado de vino puede ser un factor protector frente al desarrollo de depresión.

Como elementos negativos me llama la atención el modo de “etiquetar” a las personas como “depresivas”: la toma de antidepresivos, el diagnóstico del médico o que lo refiera el paciente. Teniendo en cuenta el modo tan ligero con el que usamos la etiqueta depresión en las consultas (me aplica el “mea culpa”) no tengo claro cuántos de esos diagnósticos serán realmente depresiones y cuántos corresponderan a “malos momentos vitales” (lo que se venía en llamar “problemas adaptativos”). Y también el perfil de las personas incluídas en cada grupo, es decir, el consumo de alcohol/vino varía en función de determinadas características, como el sexo, la educación, etc. que podrían también ser importantes (aunque se ajuste el modelo con la estadística).

Pero lo realmente importante para mí es el modo en que reducimos los problemas a una solución simple. Beber un vaso de vino protege de la depresión, ergo, beba usted un vaso de vino al día para evitar la depresión, parecen decir las noticias del periódico. Es tan sencillo, ¿verdad? Este es el compendio de la ciencia positivista: reducir los problemas a sus componentes y encontrar una solución universal simple a las preguntas científicas, de modo objetivo, sin la perversión de los subjetivismos individuales, siempre verdaderos. Si A, entonces B.

Pero la cuestión me parece mucho más compleja. Pensemos en las personas con depresión que atendemos en las consultas. Rara vez se trata de perfectos “ejemplares  fisiopatológicos” en los que solo se detecta un problema de neurotransmisores. La mayor parte de los pacientes depresivos que conozco y atiendo son personas muy complejas, con vidas muy complejas, con aprendizajes vitales diferentes, muchos con problemas vitales (familias, trabajos, autopercepción del yo propio, autovaloración como personas, esperanza en el futuro, acontecimientos vitales estresantes, etc.) mucho más complejos cualitativamente que su nivel educativo, su sexo, su estado marital, su ingesta calórica y otras variables cuantificables. Son historias únicas que no pueden ser reducidas a un postulado científico positivista. A una única respuesta de intervención preventiva.

Desde la percepción subjetiva de la vida diaria me pregunto si las personas que toman una copa de vino al día en las comidas no tienen también una forma diferente de mirar la vida, de afrontar los problemas, de disfrutar de los pequeños placeres que nos proporciona cada día. Y si eso fuera así, el consumo de vino no sería más que un factor de confusión, del mismo modo que las personas con ropa cara probablemente enfermarán menos (no por la ropa cara, sino porque el nivel económico influye en la probabilidad de enfermar).

Imagen fractal. URL: http://sprott.physics.wisc.edu/fractals.htm

Imagen fractal. URL: http://sprott.physics.wisc.edu/fractals.htm

 

Cada vez me atraen más los postulados de las Teorías del Caos, que intentan mostrarnos la complejidad del mundo, y la imposibilidad de reducirlo a enunciados simples. E incluso hay artículos que intentan aplicarlos a la medicina.