La soledad de los médicos de familia

Reconozco que no he leído “La soledad de los números primos” pero el título encajaría perfectamente en esta reflexión. Hace dos días tuve el placer de pasar consulta acompañada de una excelente residente de MF de 4º año. Su tutora está de vacaciones y, en los días de decalaje entre las vacaciones de ambas, se ha venido conmigo (soy algo así como la tutora suplente del centro). Ese día caí en la cuenta de la enorme soledad del médico de familia.
SoledadVerán, me incorporé de mis vacaciones el 1 de octubre y aún hay compañer@s médic@s con los que no he intercambiado ni una sola palabra, ni nos hemos visto, ni siquiera puedo jurar que estén trabajando. Con enfermería, administrativos, matrona, auxiliares sí que he contactado, siempre tienes algún paciente en común para atender, algún trámite que resolver, algún material que solicitar. Pero, como en todos los regresos, las primeras semanas estás a tope para resolver todo lo pendiente y todos los pacientes que estaban ¿esperando? tu regreso.
La vida profesional del médico de familia de EAP está marcada por la soledad. No sé qué pensaban los diseñadores de los equipos de atención primaria, pero sin espacios temporales ni físicos donde intercambiar y compartir es imposible hacer equipo. El único momento en que nos vemos las caras son las sesiones, pero la estructura tradicional de clase magistral que se les da impide cualquier intercambio productivo.
El/la médico/a de familia se enfrenta solo a todas sus dudas en la consulta, se arregla como puede, se busca las soluciones (afortunadamente tengo acceso a UPToDate y otras fuentes en el ordenador) y toma decisiones en la soledad. El único acompañante en el que podemos compartir nuestras cuitas es el paciente. Sin embargo nos enseñan a trabajar en hospitales donde la soledad no existe, donde todo, o casi, se comparte y se discute con otros médicos; y nunca nos enseñan a compartir las decisiones con los pacientes, que serán nuestros únicos acompañantes en nuestra vida profesional.
No voy a decir que los EAP son un error, hay algunos compañeros con los que puedo buscar espacios para compartir. ¡Cuantas dudas clínicas comentadas en el vestuario! Pero sin una organización que piense en esos espacios (básicamente temporales) la soledad acabará por consumirnos. Anclados en nuestra única realidad acabaremos pensando que nuestra respuesta es la única respuesta, que nuestra forma de trabajar es la única forma de trabajar, que solo hay una forma de contar la historia de nuestro trabajo. Y nos volveremos demasiado soberbios o demasiado inseguros. Y ambas cosas son malas.
La reflexión sobre nuestra realidad, la apertura a nuevas realidades, la posibilidad de que haya otras formas de hacer la cosas debería ser una constante en nuestra vida profesional, pues solo cuando imaginamos nuevos caminos podemos avanzar en un mundo sin mapas. Por eso me ha resultado devastadora la entrada de Juan Irigoyen en Transitos intrusos, pero eso será material para otro comentario.