Es que usted no está nunca …

Tras varios días de permiso para acudir a la reunión de coordinación de STore, en Plovdiv, Bulgaria, me temo que oiré esa frase varias veces en la consulta. La continuidad de la asistencia y de la relación es una pieza fundamental de la medicina de familia en atención primaria. Pero… l@s médic@s de familia también tenemos una vida más allá de la consulta. Y esa vida hace que, a veces, no seamos nosotros los que pasamos la consulta (no puedo quejarme porque la gran mayoría de mis ausencias este año se han cubierto con profesionales contratados y no por mis compañeros).

ConsultaPero vamos a hacer una valoración objetiva: 5×52 semanas hacen un total de 248 días de consulta posibles (restados los festivos)  y las ausencias suponen: 22 días laborables de vacaciones que ya he disfrutado, 2-3 salientes de guardia al mes (porque las guardias las cubre el equipo) o sea, más o menos, 22-30 salientes, 7 días de formación que voy a utilizar en total, 6 días libres (verdes-moscosos, compensación de festivos de sábado), hacen un total de un máximo de 65 días de consulta no pasadas al año (un poco menos porque intento hacer 2 y no 3 guardias la mayoría de los meses). O sea que he pasado consulta 36 semanas (9 meses y medio). Y eso sin contar que los pacientes pueden venir en el turno contrario y ser atendidos por otro compañero, o venir al PAC el día que yo no estoy de guardia.

Parece que objetivamente es dificil mantener la continuidad porque el riesgo de que yo no esté si un paciente pide consulta es de 1 de cada 4 citas. Probablemente, el elemento que más influye es el hecho de tener que hacer los turnos de atención continuada. Por el bien de todos, pacientes y profesionales, la libranza del día siguiente es más que sensata, aunque es un problema para la continuidad.

Por lo tanto, tengo que dar la razón a los pacientes que se sienten abandonados por su médica. El destino hace que los pacientes que enferman en torno a mis vacaciones sean los que viven más intensamente esta sensación de abandono. Y lo siento. No me importaría no tener que hacer guardias y poder atenderlos más frecuentemente (esto es un conflicto de intereses claro, ¿verdad?).

Yo también vivo con disgusto la falta de continuidad. Aunque algunos de los compañeros que nos sustituyen son un equipo fijo y podemos hablar de los casos, de nuestras respectivas manías, de cómo nos gusta abordar el trabajo, esto no es siempre posible y con frecuencia siento que las cosas no van bien porque hay demasiadas manos en ellas.

No tengo la solución y no estoy tan entregada a la medicina como para pensar que no debo irme de vacaciones o que los días dedicados a la formación no aportan nada (me tomo muy en serio esa formación). No deseo renunciar a ellos pero me gusta mantener en la mente que también tienen efectos secundarios en los pacientes que me han asignado y en mí misma como profesional. Es una de esas cosas de esta profesión en la que encontrar el equilibrio no supone una solución satisfactorio, sino la única solución. Una más de las incertidumbres y desasosiegos que supone ser médica clínica.