«Encontronazos» clínicos

argument-238529_1280La medicina de familia se construye en torno al encuentro médico-paciente. Por eso nuestro objetivo principal es tener encuentros positivos que terminen en un beneficio para ambos (el paciente termina encaminado hacia su salud, el/la médic@ termina satisfecho del trabajo realizado). Pero entre tanto encuentro (mi media son 34 cada jornada, más los pacientes vistos en el PAC-Punto Atención continuada), de vez en cuando, tengo un «encontronazo» (en su acepción de encuentro sorprendente o inesperado entre personas o de personas y cosas).

Sé que abunda la literatura sobre los sesgos cognitivos, esos que nos facilitan el camino hacia el error médico, pero también abundan los sesgos emocionales. En concreto, Francesc Borrell explica en su libro Entrevista Clínica: Manual de Estrategias Prácticas  (disponible libre aquí) el efecto de generalización emocional (pag. 22). Basta con que tengamos un mal encuentro clínico, peor si es al final del día, para que sintamos que todo ha ido mal. Por supuesto tenemos dos posibilidades: o bien pensamos que todos los pacientes son unos desagradecidos demandantes de cosas que no vienen a cuento, o bien pensamos que estamos fallando en nuestro cometido. Ambas posturas altamente destructivas de la relación médico-paciente, la una por atribuir características negativas a todo un colectivo (lo que se llama crear un estereotipo) y la otra por atacar la línea de flotación de nuestra autoestima profesional.

Verán, hace unos días pasé la consulta de un compañero. La consulta fue, en terminos generales, muy buena: un poco de todo, alguna urgencia, alguna buena entrevista, algunos pacientes fáciles, algunos pacientes difíciles por el desconocimiento de su historia. Algunas neutras, otras positivas, bastantes agradecimientos al final e incluso una bendición. Pero…hubo un encontronazo. No sé si el «culpable» (no me gusta mucho esta palabra, pero viene a cuento) fui yo o fueron los pacientes (matrimonio ellos) o fuimos ambos. El contexto: retraso largo por haberme entretenido en una urgencia, pacientes sin cita con demanadas extras (que yo consideraba que no venían al caso), una mala experiencia previa de los pacientes con los médicos sustitutos, un nivel adrenérgico elevado en ambos lados de la mesa…en fin, muchas cosas estaban presentes y yo no las controlé. Hablo de un encuentro doble (2 pacientes) de un total de 32 visitas y me fui a casa rumiando el encuentro, en parte enfadada conmigo misma por no haber «prevenido» el mal desenlace y no haber controlado la situación, en parte enfadada con los pacientes por haberme hecho sentir tan mal (yo no los había atendido previametne ni tenía culpa de que su médico hubiera estado de permiso las semanas previas) y por hacer uso del «sin cita» y encima venir con exigencias y hacerme olvidar el día tan lleno de buenos encuentros.

A veces siento que esos malos encuentros van cayendo, como piedras, en mi saco de encuentros. Y mientras olvido una parte importante de los encuentros positivos, los negativos parecen agarrarse a mi memoria como garrapatas y aún no he encontrado el elixir que los extraiga definitivamente. Y como las garrapatas, temo que acaben provocandome una enfermedad crónica: el desprecio a los pacientes, el miedo a la relación o la pérdida de mi autoestima, todas con un pronóstico nefasto en la práctica de la medicina.

Busco con ahínco el remedio y la cura, pero es una labor que creo me tomará toda la vida.

2 comentarios en “«Encontronazos» clínicos

  1. Curiosamente los conflictos han ido aumentando conforme ha ido mejorando la atención y la dedicación por parte de los profesionales. Y no por culpa de los usuarios, en general, sino de la organización asistencial (consulta sin apoyo auxiliar, en solitario) y del fomento de las falsas expectativas (interesados mensajes institucionales y mediáticos).

    Sobre pacientes difíciles he escrito algo:
    http://medymel.blogspot.com.es/2013/10/sobre-pacientes-dificiles.html

    Creo que hemos de relativizar los malos encuentros (¿quién no los tiene, en cualquier ámbito?) y liberar la conciencia de cargas perjudiciales. No es cuestión de ser héroes inmutables, tragando con todo, ni de acabar abatidos, despreciando nuestra labor o viendo al paciente como enemigo. Un amigo internista recomienda con sabiduría asumir este mantra: «Primero piensa en tus coronarias…».

    Finalmente, he de decirte que la preocupación que te llevas para casa habla de tu calidad humana y profesional. Si hacemos lo que podemos -y más-, de la mejor forma que sabemos y ateniéndonos a los principios bioéticos, no debemos juzgarnos con demasiada severidad. Si nos dañamos, Mariola, ya no podremos serles útiles a los demás.

    Un saludo y enhorabuena por tu magnífico blog.

    • Muchas gracias por leerme. Sigo tu blog desde hace tiempo, ahí descubrí la complejidad de las humanidades médicas.
      En cuanto a los «encontronazos», no me los planteo como un problema cuando la cuestión está en dar algo que yo creo que no debo dar (por ejemplo, medicamentos sin evidencia científica, una derivación o una prueba innecesaria) siempre y cuando haya podido llevar la entrevista con tranquilidad (alguna vez he aconsejado a un paciente pensar si yo era el tipo de médico que ellos deseaban tener, y si no, solicitar un cambio).
      Creo que lo me «perturba» son esas entrevistas en las que pierdo el control de la situación, independientemente de que el paciente sea «exigente», «maleducado», «demandante», etc. Al fin y al cabo, la persona «experta (o casi)» en comunicación debería ser yo y a mi me corresponde controlar la situación, incluso cuando quiero «recriminar (o algo así)» la conducta del paciente. No soy una persona que pierda la tranquilidad o el tono de voz fácilmente en la consulta, pero…a veces, bueno… nadie es perfecto. 🙁
      Y, sí, tengo que pensar un poco más en mis coronarias… en eso le doy toda la razón a tu amigo.
      Un gran abrazo, Mariola

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