Corteses pero no curiosos: la ausencia de cuidado «existencial».

Ha llegado a mis manos un artículo que es, cuando menos, intrigante. Publicado en el Journal of Medical Ethics en mayo de 2011, presenta un estudio cualitativo realizado con médicos noruegos: «Courteous but not curious: how doctors’ politeness masks their existencial neglect. A qualitative study of video recorded patien consultations«. Realmente no hay motivos para pensar que lo que encuentran en su estudio no sea también una realidad en nuestro medio: l@s médic@s somos corteses, bien educados, con los pacientes, pero olvidamos u obviamos todo lo referente a la vida existencial de los pacientes, a sus preocupaciones más profundas.

 

Esto no parece un problema de mala práctica, sino que está profundamente arraigado en el modo en que entendemos y practicamos la medicina. En cierta medida lo que hacemos es «objetivar» a los pacientes, esto es, convertirlos en objetos de materia médica. Los tratamos de modo correcto y educado, pero obviamos que son «sujetos». En el estudio los profesionales no eran capaces de aprovechar los avisos de los pacientes sobre su necesidad para entrar en la esfera más íntima, subjetiva, la dimensión existencial de su vida, en cuanto al impacto que la enfermedad tenía.  Todos los intentos del paciente por presentar esta faceta de su vida terminaban con una eficaz redirección del profesional a la cuestión estrictamente médica.

Los profesiones activamente redirigen el encuentro lejos de las preocupaciones existenciales de los pacientes. Pero la cuestión es que esto arriesga la pérdida de información que puede ser relevante para el diagnóstico y el tratamiento. Y, además, lo que ocurre es que se ignora la humanidad del paciente (su subjetividad), lo que es una ofensa moral que se percibe como negativa. El respeto guiado por la cortesía no puede ser suficiente.

Otro aspecto que destacan es que la cortesía puede ocultar la objetivación del médico y del paciente haciendo pensar al médico que la consulta ha ido estupendamente fluida y sin conflictos). Incluso la cortesía deja al paciente confuso e incapaz de protestar cuando sus preocupaciones existenciales no son atendidas.

En fin, much@s argumentarán que la situación actual de la asistencia sanitaria no permite tener tiempo para preocuparse de estas cosas, o que el papel del médic@ es hacer ciencia médica (y todo este rollo entra en el terreno de la filosofía, como mucho), o que ya es bastante con ser educado para además preocuparse por los problemas no médicos de los pacientes. Pero la cuestión es que NO SABEMOS hacerlo de otra forma, somos socializados en una forma de hacer medicina que olvida la subjetividad de pacientes y médicos, por lo que para la mayoría es algo que simplemente no existe. Cambiar exige, en primer lugar, reconocer que hay un problema, aprender como corregirlo y buscar formas de hacerlo realidad en la realidad de nuestra práctica. Si queremos que l@s futur@s médic@s no tengan que empezar de cero, tendremos que cambiar el entorno en el que aprenden, y solo se puede hacer si primero cambiamos nosotr@s.

Por último, dos lecturas recomendadas: The Nature of Suffering y The Nature of Healing, de Eric J. Cassell. Desgraciadamente no están traducidas al castellano…me pregunto por qué.