Historias y ordenadores

Hace unas semanas leí comentarios muy interesantes sobre un concepto nuevo para mí “la deriva cognitiva”. Se trata del despiste mental que te atrapa mientras espera a que cambie la pantalla del ordenador. Se supone que será más intenso cuanto más lento sea el programa y que provoca que perdamos el hilo del pensamiento sobre el paciente. Esta semana he tenido una intensa experiencia sobre el problema. Un fallo en la línea de fibra óptica interinsular que actúa como autopista de la información del Gobierno de Canarias nos tuvo trabajando en un sistema en el que parecía que se creaba de nuevo cada pantalla cuando la pedías. La consulta se convirtió en una tortura, en la que hacer solamente actualizar una receta podía costar de 5 a 10 minutos. Un día muy largo.

Y en los días muy largo da tiempo de pensar. Lo cierto es que la deriva cognitiva me daba hasta para hacer una exploración entre pantalla y pantalla, o, como hice por la tarde, ya sin pacientes, leer una página de un artículo entre ellas. Y me surgió la idea de hacer una especie de autoetnografía o de autoobservación. Y empecé a pensar en la diferencia entre el trabajo con el ordenador y el trabajo con las historias de papel.

Verán, yo no he sufrido (o no he vivido) el proceso de adaptación de la práctica al ordenador. Dejé la consulta clínica cuando todo era papel (salvo las citas y la impresión de las IT), y volví cuando todo es informático, salvo la exploración. Si analizo la diferencia de trabajar con uno y otro sistema hay cosas que me llaman mucho la atención.

Decimos que pasamos mucho tiempo mirando la pantalla. Recuerdo que antes pasaba tiempo mirando el papel en el que escribía (es más dificil escribir sin mirar con un bolígrafo que con un teclado). Por supuesto que no había deriva cognitiva, cuando las cosas eran lentas, yo estaba escribiendo, lo que me daba la sensación de estar siempre ocupada. Me pregunto si al escribir una exploración, o al copiar recetas a mano, o al pasar a la historia los resultados analíticos que estaban en otro papel,  no hacía también escapadas mentales a otros temas. Eso sí, la impresión externa era la de estar ocupado.

Me han dicho que al analizar video grabaciones, se observa como el paciente y el médico miran ambos a la pantalla del ordenador, en lugar de mirarse entre ellos. ¿Qué miraba antes el paciente mientras yo escribía en el papel? ¿mi coronilla?

El sistema es imperfecto, me gustaría poder quedarme a escribir con calma las historias cuando el paciente sale, cinco minutos para plasmar la consulta y mis impresiones, antes de tener que llamar a otro paciente. Me da igual si lo escribo en papel o en el ordenador. Lo importante es escribirlo. Pero me gusta tener la historia informática: las ventajas del tratamiento bien registrado, de los resultados de las pruebas a mano, incluso de saber si el paciente está o no recogiendo el tratamiento en la farmacia. Me gusta poder consultar mis dudas en el momento de la consulta (uptodate, guia semfyc, aemps, etc.). Me gustaría poder tener un sistema informático más amable. Tal vez un sistema como el de este portátil en el que estoy escribiendo, que no interferiría en mi posición hacia el paciente, que no me exige cambiar mi postura para leer la pantalla.

Me gustaría tener una historia que me permitiera ser más narrativa, que fuera más fácil de leer antes de que el paciente entre, con un timeline rápido, como en Twitter. Y la que los diagnósticos no tuvieran que amoldarse a un CIE-9 no pensado para la medicina de familia.

Me gustaría que los pacientes que no necesitan una revisión pudieran recoger su receta en un cajero automático, tras validar que esa revisión no es necesaria. O mejor, que pudieran ir a cualquier farmacia con su tarjeta y allí le darían la medicación sin mediar papel.

Me gustaría que el sistema me permitiera gestionar mi cupo, sin tener que pedir listas. Poder consultar rápidamente qué pacientes tienen enfermedades graves y no acuden nunca a consulta, qué pacientes no han tenido una exploración completa hace tiempo, quienes no vienen ni a renovar sus prescripciones, quiénes acuden solamente en horas de atención continuada. Me gustaría un sistema informático abierto a la investigación, sin tener que superar obstaculos que, a veces, me parecen insalvables.

Pero lo cierto es que, hace 9 años, no había sistema informático. que hace 4 años esperaba a que llegara el mensajero con los resultados de analíticas, que hace 6 meses aún hacía recetas de estupefacientes, que hace un par de años los pacientes esperaban una semana por una receta visada (y ahora no tienen que esperar), que hace dos meses el neurólogo tenía 4 meses de lista de espera y ahora me contesta vía historia en 3 días todas mis dudas… Aún tengo esperanza en un futuro mejor con la historia, en una mejora continua… y en ser capaz de luchar contra mi deriva cognitiva, concetrando mi pensamiento en el problema del paciente incluso cuando la informática se empeña en amargarme el día.

Tecnología ¿para la salud?

Hoy me ha llamado la atención un titular, marginal, de la edición electrónica del periódico El País:Sensores que indican al médico si el paciente cumple las prescripciones“, que nos lleva a un artículo titulado: “Tecnología para la salud”.Resulta un ejercicio interesante analizar las ideas que suybacen entre líneas en relación con la salud y otras cosas de la realidad sanitaria.

El artículo forma parte de la cobertura informativa de una feria tecnológica de alcance internacional, el CES 2014, que se celebra en Las Vegas. Al parecer allí se reúnen para decidir que cacharros electrónicos vamos a comprar a lo largo del año siguiente (y más). Y, por supuesto, aparte de teléfonos, drones, gafas 3D, coches fantásticos, la salud ocupa un lugar central. O mejor podrías decir , la tecnología para la salud. Y hoy toca hablar de las tendencias electrónicas en salud. Sigue leyendo