¿Bloguear o no bloguear? That’s the question!

Tras muchos meses de silencio, motivados por la existencia de otros proyectos prioritarios, me planteo si debo volver o no a escribir en este blog. La decisión no es fácil. De hecho, llevo ya más de un mes intentando tomar una decisión definitiva. Está claro que, si este post aparece en el blog, ya me he decidido en positivo. Sin embargo, creo importante compartir las reflexiones que han ocupado mi cabeza en las últimas semanas.

Hay muchos motivos para escribir un blog. Probablemente casi tantos como escritores. Cada uno tendrá su propia escala de valores, sus motivos y sus objetivos. El mío, desde el principio, ha sido tener un espacio para aportar, públicamente, mis opiniones, aprendizajes, ideas… relacionadas con la intersección entre la medicina y las humanidades  a la vez que me sirve de herramienta de refelxión sobre temas relevantes para mí. Sin intención de sentar ningún tipo de cátedra. En ocasiones, mis opiniones van en la línea de la mayoría, en otras, presentó visiones alternativas o matizadas. Como no soy persona famosa, ni influencer, ni esas cosas, la mayoría de las veces, mis opiniones las conozco yo y algunos lectores (pocos) fieles. También en pocas ocasiones alguien aporta comentarios que enriquecen las entradas (a favor o en contra). En este mundo complejo, cada uno ha seguido su propio camino particular, con sus aprendizajes, sus lecturas y sus experiencias vitales. Por eso, cada opinión es diferente, cada uno la construye con los materiales que ha querido o a podido recoger en el camino. Y esa diferencia es lo que da valor al hecho de compartirla.

En el otro lado de la balanza se sitúa la cuestión de la visibilidad. Aunque no alcances mucha repercusión, desde el momento en que publicas tu visión de las cosas, te expones. Y con internet la exposición puede ser mayúscula, ya no es la conversación del momento del café. Y, sinceramente, esa visibilidad me da un poco de miedo. Admiro a quienes opinan sin tapujos, sin miedo. Y me pregunto, a la luz de ciertos estudios, si la educación que hemos recibido como mujeres no tendrá mucho con ver con ese miedo al exceso de visibilidad ( ver, por ejemplo, este artículo sobre las preguntas que hacen las mujeres en seminarios académico, vía @maiteazules).

Me preocupa que mucha información sobre medicina (y sobre humanidades y ciencias sociales) se presenta en formato “dogma”, sin opción a disentir, debatir, expresar otras opiniones. Tal vez tenga que ver el formato Twitter. Decir algo complejo en pocas palabras siempre ha tenido el riesgo de parecer una afirmación/negación categórica. Y eso supone que, si presentas una opinión que no vaya en la línea mayoritaria, termines recibiendo más insultos que debates. Y qué decir si no te alineas con ninguna de las opiniones prevalentes, con ninguno de los lados de la cuestión y planteas preguntas y dudas a ambos contendientes. Entonces recibes por todos lados. No está bien visto moverse en el espectro gris. Lo que mola es estar en algún extremo y defenderlo con uñas y dientes. Pero la edad, en lugar de darme más seguridades, lo que ha hecho es enseñarme a dudar cada vez más. ¡ Qué le voy a hacer!

Otro de los problemas que tiene escribir un blog, es encontrar el tiempo y la motivación para convertirlo en algo constante. Cuando la vida te pone otras obligaciones, empieza a ser muy complicado reservar ese tiempo. Aunque tengas múltiples ideas y temas que te asaltan mientras conduces, preparas biberones, pones lavadoras o intentas leerte algún artículo importante. No me gustaría escribir a lo loco, así que escribir requiere también leer y reflexionar sobre lo que quieres escribir, para poder aportar algo de seriedad a tus escritos. Al menos en un blog con los objetivos que tiene éste. Pensando en como mantener la llama encendida, me encontré con esta entrada de una amiga médica y escritora, que creo que es muy reveladora. Tal vez el secreto está en escribir sobre temas que te hacen sentirte viva, y evitar que sea solamente sobre lo que crees que la gente quiere leer.

En fin, hace algún tiempo, ya expresé en este blog los motivos que me llevaron a iniciarlo. Esos motivos, la reflexión en “voz alta” y la obligación de contribuir al complejo mundo de los divulgadores de salud, siguen presentes. He tenido la oportunidad, o la iniciativa, de formarme en campos diversos (medicina, humanidades, gestión sanitaria), de profundizar en campos aún extraños en nuestro entorno (medicina narrativa), acumulo ya algunos trienios de experiencia profesional, rica y variada. Ha llegado la hora de dejar de ser receptora de conocimientos y empezar a compartir lo que he aprendido. Para mí es la forma en la que puedo seguir aprendiendo en este momento. Quienes quieran acompañarme en este camino, serán bienvenidos.